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Don Florentín Gudiel
Por Claudia Samayoa - Guatemala, 19 de diciembre de 2005

Era un hombre pleno, un activista de la URNG y un defensor de derechos humanos de primera categoría.

En la década de los cuarenta sale de su Jutiapa natal en búsqueda de oportunidades en la Costa Sur. Los periplos que pasó en la United Fruit Company como celador son dignos de una novela. Un reloj detenido porque se sentó a descansar en su noche de ronda, le valió el despido.

En el Ejército guatemalteco encontró una explicación al sufrimiento y a la explotación que había visto. Como joven soldado vive la contrarrevolución y sale a los dos años con honores de su servicio militar. Sin duda, un hombre que sabía que era el honor.

Regresa a Santa Lucía Cotzumalguapa enamorado del pueblo y con el sueño de cambio. Quería aportar para el desarrollo de esa comunidad tan sufrida. En Pantaleón le recordaran porque fue despedido por apoyar al sindicato. Carpintero de oficio y de vocación cristiano se hace catequista.

Con la Biblia bajo el brazo y la convicción de un mejor mañana ayuda a conformar la Cooperativa Horizontes. Su entrega con la cooperativa le vale su primer atentado a finales de los setenta que le deja lesionado de por vida. Sin embargo, su entrega no cesa. Su convicción se fortalece.

Como muchos guatemaltecos, ante el cierre de espacios y la profunda convicción de la necesidad de un país más justo se une a la guerrilla. Aquellos años ochenta conocen a Don Florentín dedicado a la formación de cuadros. Su hijo, Jose Miguel, es detenido desaparecido. Muchos años después encuentra su foto en el diario militar.

El exilio en Tapachula fue su destino durante más de una década. Otra vez quisieron matarle, pero no pudieron. Con toda una vida de sufrimiento, Don Florentín regresa a su pueblo adorado como desmovilizado y miembro activo de la URNG. Esta vez viene decidido a hacer un cambio: a construir la escuela para los niños de su aldea "Cruces de la Esperanza".

Este prohombre construye una escuela con sus dos manos setenta añeras. Ésta se convierte en un proyecto de cooperación entre ex comisionados militares y ex militantes, entre víctimas y victimarios. Su labor en pro de la educación le vale en 2002 el título de héroe anónimo.

Todas las historias sobre sus actividades durante estos años de paz son ejemplo de reconciliación. Buscó vivienda para todos, sin distingos de ideología; luchó desde la URNG por devolverle el gobierno municipal al pueblo; buscó la igualdad en la participación en los consejos comunitarios de desarrollo; trabajó por la memoria de las víctimas del enfrentamiento armado; y fue alcalde auxiliar.

A los setenta y cuatro años de edad era un hombre pleno, un activista de la URNG y un defensor de derechos humanos de primera categoría. El 20 de diciembre del año pasado dos sicarios le emboscaron. Tres tiros le mataron en un intento de acabar con la reconciliación. Tres tiros que no lograrán acabar con la lucha de Florentín. No le conocí en vida, pero le honro a un año de su muerte.

Fuente: www.sigloxxi.com.gt


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