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Carta de una tecolota
Yo recomiendo a los guatemaltecos y guatemaltecas que no nos calmemos
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 8 de marzo de 2007

Este no es el momento para la calma. Todo lo contrario tenemos todos los motivos para estar inquietos, consternados y casi al punto de la revuelta. ¿Por qué tendríamos que calmarnos si hay evidencias públicas y notorias que el Estado ha colapsado?

La ciudadanía lo percibe todos los días cuando sale a las calles y tiene que cuidarse la espaldas de los “mareros” porque se los han pintado como los seres diabólicos, de los policías porque resulta que también son ladrones y de de las personas que parecen ‘decentes' porque también ellos roban.

Todos los días por el Internet o en las pláticas de las comadres se comparten los modus operandi de los ladrones, violadores y asesinos. Más efectivas que la policía y que el Ministerio Público, las redes sociales están al día para buscar mecanismos de protección para evitar que le quiten lo ganado con tanto esfuerzo o la misma vida.

Y es que durante todos estos años, ha quedado dolorosamente claro para los guatemaltecos y guatemaltecas que la Policía no es un refugio. Es una amenaza. Para los muchos guatemaltecos viviendo en las zonas marginalizadas y barrios pobres, la policía muchas veces es vista como una fuerza proveedora de drogas o como respaldo de los delincuentes. Por ejemplo, cuando van a denunciar una exacción se encuentran con que los agentes de la Policía son parte del negocio. Similares denuncias vienen de aquellos que denuncian los robos contra aquellos que salen del aeropuerto que encuentran similitud en los uniformes de los ladrones con los de las fuerzas especiales de la Policía.

La guinda del pastel la puso los hechos acaecidos en torno del asesinato de los parlamentarios de El Salvador y su piloto y la posterior ejecución de los presuntos responsables cuatro agentes de la policía miembros de la Dirección de Investigación del Crimen. Así es que la población está alarmada. No hay duda ahora, la Policía Nacional Civil llegó a los niveles de corrupción de la antigua Policía Nacional.

Esta alarma ciudadana debe mantenerse para exigirle al gobierno que se refunde la Policía Nacional Civil haciendo una depuración de fondo de todos los policías corruptos, recuperando la carrera policial, subiendo el nivel de ingreso a Bachillerato de los agentes de modo que tengamos una policía profesional y revisando los controles internos para garantizar que nunca más vuelva a pasar lo que ocurre hoy.

La refundación de la policía no puede realizarse sin cuestionar al Ministerio Público que es responsable por su falta de investigación de lo que ocurre y sanción de los responsables así es que debemos de cuestionar a Juan Luis Florido tanto como a las autoridades de Gobernación. Es momento de exigir una depuración de fondo de la Fiscalía y establecimiento de la carrera fiscal. Exigencias similares tendremos que hacer a la Corte Suprema de Justicia y al Congreso por su responsabilidad en lo que ocurre.

Todas estas acciones requieren de fondos públicos. Dinero que el Estado no tiene porque ha comprometido los fondos en proyectos y en compromisos de diversa prioridad. Además recordemos que como están las cosas los fondos para la inversión en educación y salud aún son insuficientes. Así es que nuestra alarma tiene que traducirse en una decisión política de realizar la reforma tributaria pendiente. Si estoy hablando de impuestos; pero no sólo de eso también estoy hablando de lucha en contra de la evasión y la elusión que sigue sin hacerse en Guatemala.

Estoy hablando de que nuestra alarma se convierta en tomar control de nuestro destino y de que fortalezcamos nuestro Estado para eventualmente poder tener un estado de derecho.

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