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Carta de una tecolota
El plan de Mr. Bush
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 16 de marzo de 2007

Dentro de la bulla mediática de la visita del Presidente de la República Federal de Estados Unidos de América, pasó bastante desapercibida para la opinión pública el anuncio, por parte del citado señor, del impulso del Plan de Combate al Narcotráfico y a las Pandillas Juveniles.

A la ciudadanía y al movimiento social le preocupa mucho más el tratado de libre comercio y el tema de los migrantes porque les mira más directamente relacionados a su bolsillo, que el tema de la seguridad, aunque está plenamente demostrado que este último aspecto está ligado también al bienestar económico.

De hecho el anuncio de Mr. Bush no es nada nuevo en materia de política exterior norteamericana en materia de seguridad. De hecho es parte de algo que el Comando Sur del Ejército del referido país del norte ha estado impulsando desde hace varios años. Es una política que establece una relación sinonímica entre los grupos que trafican drogas y la delincuencia juvenil.

El peligro de este tipo de políticas radica en la generación de nuevos conceptos de enemigo interno, la simplicación excesiva de fenómenos complejos y el retorno de la hegemonía militar en el manejo de la seguridad nacional. Me explico, estimados lectores y lectoras, primero hablemos de cómo lo que es un fenómeno de naturaleza compleja como el narcotráfico, con una serie de actores como los carteles dirigidos por personas y estructuras ajenas al país que utilizan peones guatemaltecas y que se rige por los patrones del mercando de la oferta y la demanda primordialmente basada en Estados Unidos de América, de pronto se convierte en un problema se combate a través del combate de las pandillas juveniles, que ni están todas metidas en el consumo de drogas, menor es el número que están involucradas en el narcomenudeo e imagino que menor es el número que sirve a las estructuras del crimen organizado para la comisión de delitos graves. Este proceso gradual de corrimiento del objeto de la actividad policial fue similar al ocurrido durante la etapa de la guerra fría cuando el combate a los comunistas transitó del combate a la Unión Soviética, a los comunistas locales hacia los pobladores mayas bebes e infantes que eran potenciales guerrilleros. Esto es lo que se denomina la generación del concepto de enemigo interno. Entonces, cuando se oyen afirmaciones en donde se colocan en el mismo Plan el combate a dos flagelos sociales sólo podemos asumir que existe detrás este concepto estigmatizador.

El segundo peligro es la simplificación de los fenómenos, tanto el del narcotráfico como el de las pandillas juveniles. En el caso del fenómeno de las pandillas juveniles, afirmar que todas están involucradas en el narcotráfico, que se organizan para y/o por dichas estructuras criminales es negar el fenómeno detrás de la existencia de esta realidad: el fracaso del Estado. Si, la ausencia de un Estado que le responda a los jóvenes con educación básica y diversificada para todos, uno que le de oportunidades de recreación y trabajo, uno que le de oportunidades de trabajo y ocio a sus padres para que puedan atender a sus hijos. Por otra parte, el reducir el combate del narcotráfico a las políticas de interdicción de drogas y a la captura de delincuentes juveniles, obvia el fondo del asunto y es la parte del lucrativo negocio. Tenemos años de no escuchar que capturen a un magnate de las drogas, eso a pesar de que es un secreto a voces que tal o cual negocio ha crecido por lo fondos de las drogas que recibe, sea esto en Centro América o Estados Unidos de América. En ambos casos, la ausencia de un plan comprensivo produce un efecto desastroso.

El último peligro es esta última tendencia del régimen republicano de fortalecer el ejército para la realización de funciones policiales, como el combate de las pandillas juveniles, a pesar de que existe un claro mandato desde los Acuerdos de Paz por retraer el ejército de este tipo de funciones. De esta manera, tenemos muy claro que la militarización del país no es sólo un producto nacional sino también un producto importado desde tierras del Tío Sam.

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