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Libertad
Por Carolina Vásquez Araya - 3 de mayo de 2004

La libertad de expresión no es más que el ejercicio correcto de la libertad personal

El Día Mundial de la Libertad de Prensa que se celebra hoy no sólo se refiere al ejercicio del periodismo, actividad propia de un pequeñísimo grupo de ciudadanos dedicados a este oficio, sino a todo ser humano, en cualquier lugar del planeta.

Es importante comprender y asumir que en la vida diaria es fundamental ejercer el derecho a la libertad de expresión, porque sólo al descubrir el pensamiento propio sin sujeciones externas ni temores, nos convertimos en seres humanos integrales, capaces de asumir nuestra identidad ante los demás.

La libertad de prensa es, por lo tanto, un derecho ciudadano y así como pertenece a la institucionalidad, también forma parte del ejercicio de la libertad individual.

Por ello es que su manifestación no depende de otros ni de la pertenencia a determinado segmento de la sociedad.

Todos tenemos derecho a ser informados con la verdad y de ahí la importancia fundamental de la libertad, no sólo para obtener información, sino también para divulgarla.

Las sociedades actuales no han evolucionado gran cosa en el goce de esa libertad. De hecho, el sistema es cada vez más represivo.

Si no, veamos lo que sucede actualmente en Estados Unidos, el país que ha hecho de la libertad un icono nacional.

Observemos si allí hay, en este momento, verdadera libertad de expresión no sólo a nivel del ciudadano común, sino a nivel de la prensa.

Nos daremos cuenta de que existe una tendencia progresiva y altamente peligrosa hacia la censura gubernamental y la autocensura, hacia la restricción creciente del impulso, el derecho y la obligación a informar con la verdad.

Replicar esta situación en países menos desarrollados es cuestión de circunstancias específicas.

Sin embargo entre nosotros, los últimos eslabones en la cadena del progreso, también es evidente cómo la libertad de expresión no es más que la invocación idealizada de una situación siempre lejana, ya que la presión de los grupos de poder contra quienes la ejercen o intentan derribar barreras de silencio, es efectiva y permanente.

Así como nuestra sociedad castiga a quien cuestiona el sistema y habla sin tapujos de sus vicios, igualmente calla ante los abusos que se le infligen.

El reflejo, entonces, se invierte, y en una sociedad acostumbrada a callar, la libertad de prensa es aún un deseo, una ilusión o una quimera que se asume como una realidad, aún cuando está lejos de serlo.

La libertad de expresión, por lo tanto, no es un asunto exclusivo de la prensa. No es un privilegio ni un lujo.

La libertad de expresión es un derecho, una responsabilidad y una actitud indispensable para el desarrollo social, político y cultural de una nación.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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