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Contaminación invisible
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 2 de agosto de 2004

Hay contaminantes que no se ven, no se huelen ni se oyen, pero destruyen el ambiente.

Hace algún tiempo recibí la carta de un lector en la cual me relata su estéril odisea para lograr que la empresa de telecomunicaciones celulares Comcel quitara varias antenas instaladas cerca de su residencia en la zona 15 y dirigidas directamente hacia ella.

Esto me recordó la lucha de una querida amiga, la doctora Luz Méndez De la Vega, quien hace muchos años sostuvo una batalla similar, en aquella ocasión por unas torres de alta tensión instaladas en la zona 10, las cuales ocasionaban problemas de salud a los vecinos del sector.

Si mal no recuerdo, Luz y sus vecinos ganaron esa batalla, porque se demostró la razón de su demanda.

Ambos casos tienen en común su estrecha relación con la contaminación ambiental, con el agravante de tratarse de un tipo de agresión invisible, inodora y silenciosa, de la cual pocos ciudadanos están conscientes y cuyo origen, en la mayoría de los casos, se debe a operaciones de empresas con enorme influencia y poder económico.

En la serie de documentos de referencia que me envía este lector es posible observar que a pesar de su insistencia para que la empresa reoriente sus antenas y las aleje de su vivienda, ésta no sólo ignora su petición sino además incrementa su número, agravando el problema de contaminación.

También queda en evidencia que la intención del afectado no es perjudicar a la compañía que le causa el daño, ya que insistió ante Comcel durante varios meses antes de acudir al Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) para denunciar el hecho, basándose en el Código de Salud, en el cual aparecen las normas específicas que describen su caso.

En esta ocasión, el afectado es un profesional con recursos de conocimiento y experiencia capaz de identificar el problema y denunciarlo. Me pregunto qué sucede con la población en general, no consciente del daño que le produce vivir bajo torres de alta tensión o rodeada de antenas e instalaciones desde las cuales irradian emisiones radioeléctricas.

La contaminación ambiental es uno de los problemas más graves que sufre el país. Aunque existen regulaciones muy específicas para combatirla, también hay una gran permisividad, mayor mientras más poderosas sean las compañías que violan las normas.

Eso no sólo en cuanto a las emisiones radioeléctricas, sino también en el uso y contaminación de las aguas, de las tierras, de los paisajes y del aire. El MARN tiene un titular identificado muy de cerca con el problema ambiental, por lo tanto no estaría demás recordarle la trascendencia de su misión y cuánto depende de esa cartera ministerial el desarrollo de Guatemala dentro del marco de las leyes que regulan este delicado tema.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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