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Caminos de arena
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 4 de octubre de 2004

Los compromisos con sectores impiden a los gobernantes construir grandes acuerdos

El silencio absoluto del Gobierno sobre políticas de población habla de un compromiso con la iglesia.

La insistencia en defender las concesiones mineras hablan de compromisos con el sector empresarial.

La indiferencia con la cual aborda el tema de la mujer revela un compromiso con sus propios prejuicios de género, y su lucha indiscriminada contra las ocupaciones de fincas denuncia su compromiso con el sector agrario.

El problema es que no parecen haber aprendido nada de la historia reciente. Los gobiernos comprometidos con algún sector específico de la sociedad, jamás logran establecer consensos ni controlar la corrupción.

Porque corrupción no sólo es robarse el presupuesto para comprarse un yate o abrir cuentas en Panamá, sino también ejercer el poder con la intención de beneficiar los intereses de unos sectores en perjuicio de otros.

El tráfico de influencias y el abuso de poder se encuentra implícito en cualquier acto, oficial o no, que tienda a beneficiar a aquellos ciudadanos cercanos a los altos funcionarios por razones de identificación económica, política, familiar o social.

Por eso las autoridades deben ser muy cuidadosas para que sus intenciones no sean malinterpretadas. Por ende, deben establecer prioridades de auténtico interés social y tomar decisiones acertadas en cuyo análisis se transparente la intención de beneficiar a las mayorías.

Así como el presidente se ha fijado metas muy claras en función de terminar su período dejando al país en mejores condiciones, también debería hablar claro y explicar cómo piensa ejecutar sus planes sin una política de población racional y técnica.

Esto, porque obviamente sus números nunca coincidirán con la realidad si al cerrar los ojos al mundo que le rodea, acepta someter a los sectores más necesitados —especialmente a las mujeres— a un régimen de silencio e ignorancia muy conveniente para la Iglesia Católica, pero devastador para una sociedad inmersa en un proceso de empobrecimiento imparable.

Este gobierno, si desea —como lo ha expresado en repetidas oportunidades— hacer un gobierno para todos los guatemaltecos, debe escuchar a todos los sectores.

Aparte de sus inclinaciones evidentes por el sector empresarial, es imperativo que comience a poner oído a lo que exigen ciertos segmentos de la población con los cuales el Estado tiene una enorme deuda pendiente: la mujer y, junto a ella, la niñez y la juventud.

Esas son las únicas prioridades posibles para un gobierno de recuperación de la credibilidad y restauración del tejido social.

No habrá nada que oriente más hacia un clima de paz y democracia, como la atención prioritaria a estos seres olvidados, pero dueños de la vida y del futuro de esta Nación.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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