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La boda
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 22 de noviembre de 2004

Es notable lo trastocadas que están las prioridades en este país, para que un evento social acapare a la Prensa.

No quisiera continuar esa tendencia, pero hay un par de puntos interesantes en este tema. Uno, es el despliegue de seguridad exigido por un ciudadano particular -en este caso específico, ciudadana- para realizar una ceremonia estrictamente privada, con invitados del extranjero muy importantes en su país, pero aquí simples turistas.

La seguridad involucró no sólo la asignación de numerosos elementos de la Policía Nacional Civil, pagados por la ciudadanía para realizar actividades de mayor urgencia y no para cuidar a la novia y su cortejo, sino además una alteración inaudita del tráfico en la ciudad colonial.

También la intervención estatal implicó arreglo del empedrado que conduce a la residencia del general a costa de la Municipalidad de la Antigua, para que a las invitadas no se les arruinaran los tacones y, por supuesto, no hay que pasar por alto el cierre de calles y avenidas para que esos mismos invitados especiales pudieran disfrutar del evento como si en realidad se tratara de un acontecimiento del jet set internacional.

El respaldo oficial a un acto eminentemente privado suena a que el FRG aún tiene fuerte influencia en los sectores gubernamentales. Y el halo romántico alrededor de una boda más de la delfina del general, tiene todas las características de un lobby bien orquestado para atraer las simpatías del público.

No cabe duda de que Zury Ríos es hábil. Lo que resulta sorprendente es que muchos a su alrededor, quienes presumen de ser muy inteligentes, caigan en la sutil telaraña de la diputada para hacer eco a sus estrategias de imagen, manteniéndola siempre a salvo del lodo que salpica al resto de sus correligionarios.

Ni siquiera en los acontecimientos del Jueves Negro y el Viernes de Luto se vio involucrada la dulce novia. Y eso denota un trabajo subterráneo tan bien estructurado, que incluso escapa a la acción de la justicia.

El sector diplomático presente en la boda del sábado cometió también la imprudencia de pintar el evento como si de un acto oficial se tratara, exigiendo al Gobierno prestar facilidades a los miembros del Senado de Estados Unidos que asistieron.

Pero eso no tiene nada de particular. Ya sabemos quién manda. Lo inaudito es que las autoridades, conscientes de las urgentes necesidades de seguridad de la población y de lo débil que está su imagen ante la ola de violencia que azota al país, asignen elementos policIacos para cuidar a quienes poseen más dinero del que se necesita para pagar por sus lujos personales y su propia seguridad.

Fuente: www.prensalibre.com


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