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Cómplices
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 27 de noviembre de 2004

Es cómplice quien facilita las condiciones para cometer el crimen

La celebración del Día de la No Violencia contra la Mujer encuentra al país en la última posición del continente. No sólo está a la cabeza en la incomprensible cantidad de crímenes impunes en contra de mujeres —según la Red de la No Violencia contra la Mujer, son 450 los casos registrados durante 2004—, sino además es, junto con Honduras, el país con mayor incidencia de contagios de VIH/SIDA, la mayoría de ellos en mujeres casadas y monógamas, de acuerdo con los resultados del informe de ONUSIDA.

A esto se suma el Informe de Desarrollo Humano de la ONU, el cual coloca a Guatemala en las últimas posiciones en lo que se refiere al acceso a la educación para el género femenino, ingrediente decisivo en el mantenimiento de un statu quo humillante para la dignidad de la nación.

La violencia en contra de la mujer no sólo se da en el seno de la sociedad. También contribuye de manera determinante la actitud de las autoridades, incapaces de comprender la trascendencia de estos hechos.

El jueves pasado alcancé a escuchar en Emisoras Unidas a un diputado López, quien entre balbuceos incoherentes —nada extraño en los congresistas— fue incapaz de explicar por qué entre 158 diputados hombres ninguno ha sido capaz de tomar en serio el problema de discriminación en contra de la mujer, apoyando las reformas a los códigos e impulsando la ley contra el acoso sexual.

Entre sus pobres argumentos pronunció palabras como “tradición, cultura, costumbre, machismo”, y algo así como que “la mujer es culpable por transmitir los estereotipos”.

Al final, quedó la impresión de que los congresistas no toman en serio el problema porque no les toca y que la víctima es quien provoca la violencia en su contra.

Si esta es la actitud de los legisladores, entonces se puede establecer con absoluta firmeza su complicidad en los crímenes en contra de la mujer, los cuales no se cometen principalmente entre pandillas, como sugieren los informes del Ministerio de Gobernación, sino también y con mucha frecuencia en el seno del hogar, en circunstancias que, por no presentar características evidentes de violencia, a veces ni siquiera son investigadas.

Por si los congresistas aún no lo han comprendido, existe un vínculo directo entre los bajos niveles de educación, los elevados índices de discriminación por género y el no involucramiento oficial en la solución del problema de fondo, los cuales inciden en la incontrolada pandemia del VIH/SIDA y, por supuesto, en los crímenes y la violencia en contra de las mujeres.

Tomado www.prensalibre.com


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