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Cierre virtual
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 27 de diciembre de 2004

El año termina marcado por la violencia, la ineficacia de la justicia, la corrupción y la falta de objetivos.

El tiempo fluye sin interrupciones, pero los humanos tendemos a dividirlo todo, convencidos de que así hacemos la vida más manejable, alimentando la ilusión vana de controlar la realidad.

Por eso cada diciembre, consciente o inconscientemente, hacemos un recuento, medimos avances y retrocesos y diseñamos nuevos planes para los siguientes 12 meses, como si el 31 de diciembre a medianoche hubiera una división física entre el hoy y el mañana.

En esta ocasión, el balance marca pérdidas. Estamos en deuda con la naturaleza, con el patrimonio cultural, con la justicia y con la cultura.

Tampoco hemos tenido la capacidad de exigir como ciudadanos, el respeto a los derechos humanos, a los derechos de la niñez, de la mujer y la juventud, una inmensa mayoría silenciada y marginada por la desidia de los gobernantes, pero también por la indiferencia de una sociedad machista y estancada en sus prejuicios.

Y no es exageración. El año termina con el turismo salvadoreño ahuyentado por las bandas de asaltantes, con el ataque de una turba incontrolable a unos agentes de Emetra que sólo cumplían con su deber, con parte del contingente policial señalado por abusos, con un Congreso plagado de incompetentes, con un grave problema de tierras, con la infraestructura cultural en ruinas y con los valores morales en plena decadencia.

Los optimistas se intercambian los buenos deseos de año nuevo, pero no pueden escapar a la realidad.

Y ésta se presenta en números, informes y estadísticas cada vez más alarmantes.

De ellas se deduce que nos dirigimos en línea recta y descendente hacia el aumento de los casos de VIH/SIDA, derivado de la ausencia de políticas educativas y de control dirigidas a los grupos vulnerables.

También están las proyecciones de crecimiento poblacional, cuya incidencia en la profundización de la miseria no ha sido aún calculada por los entes oficiales, más ocupados en ocultar los problemas que en resolverlos.

Y está la perspectiva de una crisis magisterial para cuando despunte enero, coincidiendo con la tradicional época de protestas sociales.

El panorama es así, sin exageración. Simplemente, sucede que no estamos acostumbrados a despegar los ojos de las vitrinas iluminadas ni de los pinos decorados, para fijarnos en la hambruna que acaba con la pequeña vida de los habitantes del oriente del país, ni en los millones de niños que se quedarán sin poder asistir a la escuela cuando comience enero.

Ese mismo enero de los buenos augurios, de las frases impresas en letra dorada en cartulinas adornadas con flores de pascua

Fuente: www.prensalibre.com


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