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Marcha atrás
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 10 de enero de 2005

Los políticos creen en la táctica burda de meterle goles al pueblo hasta llegar al límite de la resistencia

Haber dado marcha atrás en el aumento de sueldo no hace a los diputados involucrados en ese turbio asunto, mejores ni más confiables.

Sólo significa que empezarán a buscar otra vía menos conspicua para embolsarse asignaciones extraordinarias a través de viáticos, bonificaciones o cualquier otro medio administrativo.

Además, el hecho de retractarse sólo demuestra el poder de la expresión de rechazo popular a sus pretensiones de incrementar sus ingresos en Q10 mil mensuales.

Demuestra también la falta de sentido común de aquellos supuestos legisladores —supuestos, porque no todos ellos cumplen esa función fundamental— que intentaron aprovechar la distracción provocada por las fiestas de fin de año y las vacaciones escolares, para pasarse de listos y obligar a sus conciudadanos a pagar por lujos ajenos a costa de renunciar a sus propios servicios básicos.

La ética no es, obviamente, una de las cualidades más notables de la mayoría de los diputados al Congreso de la República.

Tampoco la inteligencia ni la preparación profesional, y de ello dan cuenta no sólo las expresiones públicas de desprecio por la situación penosa de la nación, sino esa insultante indiferencia por el bienestar de sus habitantes de que hacen gala una y otra vez, en sus escasas y opacas intervenciones ante el pleno.

Quienes escapan a esta calificación son una minoría de mujeres y hombres muy preparados, conscientes de los problemas que agobian a quienes los eligieron, trabajadores y luchadores inclaudicables por la construcción de una sociedad ideal, democrática, justa y con posibilidades de desarrollo.

A ellos —especialmente a ellas— se les debe reconocer el inmenso esfuerzo que realizan día a día por romper con la fuerza de la mayoría contraria, la cual se dedica a violar normas y acuerdos, a negociar con la vida y el futuro de los guatemaltecos, a engavetar iniciativas válidas y urgentes y a rechazar todo intento de abrir el acceso público a la información sobre lo que hacen y deciden en nombre de todos.

Este es, sin embargo, el espejo donde se reflejan las carencias de una sociedad con escasas posibilidades de educación, cuya salud depende de una estructura sanitaria obsoleta y abandonada, con niveles de inseguridad propios de las más atrasadas naciones africanas.

En resumen, una comunidad cuyas inequidades marcan la senda del retroceso en un mundo de leyes inclementes dictadas por las grandes corporaciones, con el único objetivo de perpetuar su poder sobre los conglomerados humanos en situación de dependencia.

En ese contexto y con estos legisladores, es fácil prever las dificultades a enfrentar para iniciar cualquier esfuerzo tendente a salir del profundo abismo que nos rodea.

Fuente: www.prensalibre.com


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