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Fronteras culturales
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 22 de enero de 2005

Los sectores sociales resienten, una vez más, su incomunicación con las instancias oficiales.

Dos idiomas diferentes, dos culturas antagónicas, dos formas divergentes de pensamiento.

Esa es la realidad entre gobierno y gobernados, con la única excepción de aquellos ciudadanos pertenecientes al círculo social y económico de los gobernantes.

Por lo tanto, ya sea en temas sensibles como la explotación minera o los compromisos adquiridos por el Estado con el sector campesino, siempre existirá un espacio vacío en el cual los argumentos son tragados por la nada, como en un agujero negro.

La Guerra Fría nos dejó ese legado de incomprensión humana, así como antes la Conquista nos dejó uno de racismo estampado en nuestro código genético.

Y la mezcla de estos atavismos nos persigue al punto de condicionar la convivencia y entorpecer cualquier intento de diálogo.

El gobierno actual tiene una visión distorsionada del significado de gobernar. El presidente se ha empeñado en hacerlo aparecer como una oportunidad para transformar al país en el paraíso de la inversión extranjera y de la privatización de todo cuanto sea privatizable, como si eso fuera la ruta al desarrollo, directa y sin escalas.

La inversión extranjera no es un valor. El hecho de que una compañía extranjera quiera invertir en el país no es, en sí, algo positivo sin más análisis.

Primero, hay que preguntarse por qué estaría interesada en hacerlo. Miles de millones de dólares se mueven en el planeta buscando oportunidades de multiplicación en condiciones no siempre confesables.

Y estas oportunidades de negocio de los grandes capitales se encuentran tanto relacionados con la cercanía geográfica a sus mercados naturales, como a las deficiencias de los sistemas jurídicos y fiscales: menos impuestos, mano de obra barata gracias a falta de legislación sobre trabajo infantil o explotación laboral y, por supuesto, altos niveles de corrupción de los funcionarios de gobiernos permisivos.

Así como no toda inversión extranjera es decente ni favorable, tampoco toda privatización lleva al país a los elevados ámbitos del primer mundo.

Y en ese sentido es importante recalcar que la mayoría de los países pertenecientes a esa jerarquía posee un sistema estatal poderoso, capaz de controlar una parte importante de la actividad económica a través de instituciones sólidas en sistemas bien estructurados.

Este gobierno, por lo tanto, bien haría en escuchar a los pobres, a los campesinos, a los ciudadanos comunes y aprender a interpretar el idioma de los urgente y de lo real, porque de otra manera se quedará hablando solo.

Fuente: www.prensalibre.com


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