Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Manuel y Donaldo
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 31 de enero de 2005

El genocidio no prescribe. Y Manuel Contreras no ha podido evadir su responsabilidad por los crímenes que perpetró.

La escena de Manuel Contreras —el otrora superpoderoso general del ejército chileno, ex director de la siniestra DINA—, cubriéndose la cara para evitar el impacto de huevos, tomates y piedras lanzados por sus víctimas, es un hito en la historia de la justicia.

El gobierno del presidente Lagos ha logrado lo que nadie imaginó posible: una administración de corte socialista capaz de abrir esas puertas herméticas del resarcimiento por la represión del régimen de Pinochet, evitando despertar un ambiente innecesario de venganza en la sociedad chilena.

Estas acciones ejemplares del ejercicio democrático en el país austral no sirven sólo como paliativo a la frustración de las víctimas de los crímenes políticos cometidos durante más de una década, sino también para empezar a comprender los alcances históricos del abuso del poder, así como la necesidad de restaurar las heridas por medio de la aplicación de la justicia, no importa cuánto tiempo haya transcurrido.

Es ése el mensaje para Donaldo Álvarez Ruiz, uno de los más siniestros dirigentes políticos latinoamericanos, sobre cuya conciencia pesa la muerte de incontables personajes de la historia política de Guatemala, y quien ha vivido hasta la fecha en un retiro inmerecido gracias a las deficiencias del sistema judicial de su país.

Genocidio es una palabra a la cual nos hemos acostumbrado. Tanto es así, que ya ni siquiera le concedemos la trascendencia ni comprendemos su impacto decisivo sobre la vida de nuestros pueblos y nuestro futuro. Genocidio fue el resultado de la política de tierra arrasada en los años ochenta, como genocidio ha sido la condena a muerte por hambre de millares de seres humanos inocentes, debido a las acciones delictivas de todos los ex mandatarios cuyas huestes han saqueado al país.

Por ello, muchos deben pagar el precio con su libertad, de por vida. Y aunque las penas de cárcel no restañan las heridas de las víctimas ni les devuelven a sus seres queridos asesinados, desaparecidos y torturados, por lo menos puede traer un poco de paz a esta sociedad herida, al comprobar que sus victimarios no escaparán sin castigo y que, tarde o temprano, habrá quienes actúen dentro del marco de la ley sin aceptar presiones ni sobornos.

Manuel Contreras y Donaldo Álvarez son apenas dos ejemplos de quienes gobernaron Latinoamérica durante casi una generación. Hay muchos más, escondidos tras sus fachadas de legitimidad, esperando a que les caiga la mano de la ley.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.