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Sólo promesas
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 5 de marzo de 2005

Es preciso fijar límites a la libertad presidencial de negociar, conceder y prometer sobre los bienes de la nación

Los temas capaces de alterar el humor de los guatemaltecos son —además de la inseguridad ciudadana y el tráfico— la ratificación del TLC, las concesiones mineras y el pago a los integrantes de las Patrullas de Autodefensa Civil.

En cada uno de ellos destaca la intervención del mandatario emitiendo opinión, haciendo afirmaciones aventuradas y, lo más grave, prometiendo lo que no sabe si podrá cumplir.

Las promesas presidenciales ya forman parte del anecdotario político guatemalteco. Prometió Cerezo justicia, democracia y transparencia pero su gestión se caracterizó por abrir las puertas —las cuales luego jamás se cerraron— al saqueo más descarado e impune de los bienes nacionales. Se podría argüir que antes de él también lo hubo, pero al menos los regímenes militares jamás prometieron el fin de la corrupción ni el castigo a quienes atentaran contra la democracia. Todo lo contrario.

Por lo tanto, al inaugurarse con bombos y platillos la nueva era democrática, las arcas nacionales quedaron a disposición de los presidentes electos según la nueva Constitución y de sus allegados. Y las promesas continuaron como un sello del nuevo estilo de hacer política.

Las promesas de justicia, equidad, transparencia y castigo contra los corruptos se instalaron como lemas de campaña desde la derecha hasta los más alejados reductos de la izquierda, a medida que el tiempo avanzaba y el país retrocedía en la historia.

En estos días se discute acaloradamente el tema del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Quienes tienen el poder de decidir no lo conocen a fondo y quienes han incursionado en sus profundidades, defienden posiciones particulares sin relación con el interés de los electores a quienes representan.

Algo similar sucede con el tema de la minería, también contaminado por concesiones realizadas a espaldas del pueblo.

Pero lo que más escuece en las heridas abiertas por las violaciones cometidas contra la población civil, es el pago a las PAC con el dinero destinado a indemnizar a sus propias víctimas, iniciativa de quien, aparentemente, desconoce la historia reciente del país que gobierna.

Esta promesa presidencial demuestra, una vez más, la imperiosa necesidad de establecer mecanismos estrictos para regular la gestión de las autoridades y, al igual como sucede en el ámbito empresarial, definir con claridad meridiana las fronteras a la iniciativa de los gobernantes.

Quizás así se eviten metidas de pata injustificables e insultos a la población, como el que comentamos hoy.

Fuente: www.prensalibre.com


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