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El empedrado
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 14 de marzo de 2005

De la teoría a la práctica hay un abismo de distancia, así como de las intenciones a los resultados.

Muchas personas han comentado -a través de llamadas telefónicas a los programas radiofónicos y por carta a los medios escritos- su inconformidad con las protestas en contra del TLC, la ley de concesiones y las operaciones mineras, entre otras iniciativas de los sectores políticos y de gobierno.

Estos ciudadanos señalan a ciertos grupos de la sociedad civil de manipular a la gente, aprovechándose de su total desconocimiento sobre estos temas, y de intentar frenar así el desarrollo de Guatemala.

Como en todo, esto tiene algo de verdad. Sin embargo, es imperioso abrir los ojos a la realidad y reconocer un hecho fundamental: si incorporarse de lleno a la globalización tiene enormes ventajas para la economía de los países, también es cierto que para ello es preciso conocer bien las reglas del juego y sacarles ventaja, negociando desde una perspectiva de nación y no desde una visión de sector económico agroindustrial.

En el asunto de la minería las cosas se han dado más o menos igual. Si Guatemala aplicara a las compañías condiciones similares a las que les aplican sus propios países de origen, otro gallo cantaría.

Pero las autoridades se comprometieron en forma unilateral, sin informar a la población sobre los impactos de estas operaciones y aceptando un puñado de migajas a cambio de la devastación de sus recursos naturales.

De paso, han tratado de convencer a todo el mundo de las bondades de la minería con el argumento de que este tipo de inversión extranjera sacará al país de la pobreza y del subdesarrollo, agachando la cerviz cual humildes lacayos ante las decisiones ilegítimas del gobierno anterior, cuyos delitos y nivel de corrupción ya son ampliamente conocidos.

Ni el TLC ni las operaciones mineras son malos per se. Es más, los tratados de libre comercio ya constituyen un pasaporte obligado para acceder a los mercados globales y abrir las fronteras al desarrollo.

El problema no es del empedrado sino de quienes insisten en tropezar en él, estableciendo acuerdos desventajosos para amplios sectores del país, intentando parchar sus errores con la emisión de leyes compensatorias, las cuales, como todo instrumento legal en esta tierra de la impunidad, jamás se van a cumplir.

Para algunos analistas es ése el meollo del asunto. Nadie con un mínimo de sentido común emprendería una campaña de oposición torpe e irracional a medidas que, bien aplicadas, abrirán las puertas a un mejor nivel de vida para todos los guatemaltecos.

Todo lo contrario, si el TLC trae consigo una mejor observancia de las leyes laborales y un mayor nivel de competitividad a nuestra incipiente industria, bienvenido sea. Pero, eso sí, negociado con transparencia, inteligencia y, sobre todo, visión de nación.

Fuente: www.prensalibre.com


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