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A la vista del amo
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 28 de marzo de 2005

La visita de Donald Rumsfeld no tiene nada de mágico, es más bien un recordatorio de quién manda en esta casa.

Los vanos esfuerzos de las autoridades por levantar su derruida imagen política parecieron encontrar cierto apoyo en la visita del secretario de Defensa de Estados Unidos al país, Donald Rumsfeld. “Es un buen signo”, dijeron algunos altos funcionarios, satisfechos por el aval aparentemente implícito en la visita del jefe del Pentágono.

Pero las cosas no son como parecen ser y las investigaciones lo demuestran de manera contundente. Guatemala es uno de los 10 países del mundo con mayor involucramiento en el trasiego y producción de drogas, según un reporte de la DEA, y su territorio permanece abierto a las operaciones cada vez más importantes de los carteles que operan en el país.

El señor Rumsfeld no debe haber venido a Guatemala a felicitar a nadie por sus logros en ningún terreno: ni en materia de combate al narcotráfico, ni en cuanto a la transparencia en el manejo de recursos dentro del ejército, ni en lo relativo al respeto a los derechos humanos.

Ese sólo debe haber sido el discurso diplomático acompañado de diplomáticas sonrisas para las fotos oficiales.

En esta visita hay una clara señal de alerta ante el avance de los gobiernos de izquierda en el Hemisferio, pero también una advertencia a las naciones centroamericanas en cuanto a las condiciones que deberán cumplir para tener acceso a la ayuda militar por parte del gobierno de Bush.

Pese a las frases corteses del visitante, nada hay de mágico en el momento por el cual atraviesa el país, a menos que por “mágico” se refiera a la evaporación de miles de millones de quetzales aparentemente irrecuperables del erario en cuentas fantasma de bancos extranjeros o a la emocionante saga de los juicios contra ex funcionarios, los cuales dan vueltas en círculos gracias a los siempre fantásticos recursos del sistema judicial guatemalteco.

La verdad es lo que se ve y Rumsfeld tiene buena vista: un país cautivo del crimen, gracias a un proceso sostenido por muchos años de infiltración de sus agentes en los estamentos más altos de la administración pública, herencia difícil de eliminar si no se cuenta con la valentía, la voluntad política y los recursos para hacerlo.

Pero además, una progresiva alineación de la juventud en las filas de la delincuencia, empujada por la falta de oportunidades para desarrollar una vida productiva y condicionada a ello desde su nacimiento por la incapacidad absoluta de sus gobiernos para proporcionarle los elementos más indispensables: salud, educación y trabajo.

Fuente: www.prensalibre.com


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