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Casas sin libros
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 14 de mayo de 2005

Es interesante cómo se presta atención a los grandes problemas sólo cuando aparecen en grandes titulares

Que la gente en Guatemala no lee, no es novedad. En este país parece haber sido política de Estado limitar el acceso a la educación a una proporción importante de la población, como una estrategia medieval para mantenerla en la ignorancia, lo cual equivale a conservar poder y privilegios en muy pocas manos.

Encima de eso, los libros son un lujo al alcance de una minoría. Todos los gobiernos de la nueva era democrática, sin excepción, han mantenido la decisión de gravarlo todo, en cuenta los productos editoriales, porque necesitan dinero para sus propios fines.

Es una de esas paradojas abrumadoramente ofensivas: en un país de niños desnutridos, se paga IVA por la comida.

En un país de iletrados, se paga IVA por los libros.

Aunque la ministra de Educación manifiesta una preocupación sincera por esta realidad que coloca a Guatemala a la zaga de sus pares, parece ser sólo ella contra el universo, puesto que sus iniciativas para revertir esta tendencia requerirán de una enorme inversión, como si un extraño giro hiciera que todo aquello escatimado al renglón educación durante tantos años se acumulara de golpe en la columna del “Debe”.

Primer gran desafío: capacitar a los maestros de todo el país para incentivar la lectura desde los primeros grados de primaria y hacerles comprender que los libros existen para ser usados, manoseados, leídos, releídos, prestados, devueltos, comentados y también perdidos en ese tráfago incesante de la curiosidad infantil.

Segundo gran desafío: crear bibliotecas públicas para niños que no saben leer e ignoran lo que es un libro porque sus padres jamás tuvieron uno, rompiendo un círculo vicioso que ha durado demasiado tiempo.

Esto, acompañado de la eliminación total de cualquier clase de impuesto sobre el material editorial, ayudaría a alcanzar el objetivo de poner los libros al alcance de quienes más los necesitan.

Pero el problema de fondo es mucho más difícil de resolver. Allí se encuentra la incomprensible mentalidad de las clases dirigentes, cuya incapacidad para comprender que el desarrollo de Guatemala depende de la educación de sus habitantes, ha mantenido el vergonzoso atraso en que se encuentra el país.

Les resulta difícil aceptar que un mejor nivel de educación para todos no amenaza las supuestas ventajas actuales de contar con una mano de obra barata, sino más bien abre oportunidades para convertir al país en un participante activo de los procesos de globalización y producción eficiente de bienes y servicios. Y, como corolario, rescata al libro de su exilio forzado.

Fuente: www.prensalibre.com


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