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Contreras y Posada
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 23 de mayo de 2005

El miedo que despiertan las confesiones de ciertos personajes en los altos círculos políticos confirman que la verdad tarda, pero llega.

El líder cubano Fidel Castro afirma que el Gobierno de Estados Unidos ha tomado la decisión de proteger a Luis Posada Carriles, anticastrista buscado internacionalmente por actos criminales cometidos durante los últimos 40 años, por miedo a sus revelaciones.

Esto no sería nada nuevo. Antiguos agentes de la CIA involucrados en actos criminales ordenados y coordinados por esa agencia -por ejemplo Noriega, el ex presidente panameño, y el general chileno Manuel Contreras- constituyen un peligro potencial para la política exterior estadounidense por la cantidad y calidad de información que poseen.

El caso de Contreras es un poco diferente. Sus baterías se dirigieron inesperadamente contra Augusto Pinochet, su propio jefe y benefactor, socio en la lucha anticomunista y cómplice en la planificación del asesinato y desaparición de sus opositores políticos.

Al constatar Contreras que el general Pinochet no iba a servirle de soporte contra las demandas que enfrenta y lo mantienen encerrado en un penal, decidió redactar un documento de 20 páginas plagado de datos específicos sobre el destino de más de 500 víctimas de la represión durante la dictadura militar.

En el texto salieron a relucir no sólo la responsabilidad de Pinochet en estos hechos, sino también las fuertes influencias de la CIA en los asesinatos de Orlando Letelier en Washington y del general Carlos Prats, en Argentina, además de otras innumerables desapariciones forzadas que marcaron esa época.

La trascendencia de estos documentos crudamente reveladores no reside en el descubrimiento de los hilos que movieron influencias y poder en esos casos específicos. Su importancia radica en la constatación de una verdad conocida, pero negada sistemáticamente por los acusados, así como en el hecho de lograr al fin la posibilidad de conseguir pruebas y testimonios irrefutables para iniciar procesos judiciales consistentes.

Los escándalos de la CIA son moneda corriente y se hace evidente cada vez con mayor certeza la nefasta influencia de Estados Unidos en el destino de otras naciones a través de métodos ilegales, violatorios de los derechos humanos y, en muchos casos, con actos en cuya descripción sólo cabe el apelativo de genocidio.

Sin embargo, y pese a los intentos del Gobierno estadounidense por ocultar tanto trapo sucio, han sido sus poco honorables cómplices locales quienes al final abren la caja de Pandora y dejan salir, ante el estupor de la opinión pública, información clasificada que pone las cosas en su lugar, aunque la mayoría de las veces sólo sirva para dejar constancia de la verdad y para confirmar las sospechas sobre el intervencionismo descarado del país del norte.

Fuente: www.prensalibre.com


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