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Abstracciones
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 2 de julio de 2005

Es muy fácil abordar los temas conflictivos cuando el único vínculo que nos une a ellos es la estrategia política

Para los líderes religiosos, hablar de la importancia de la familia conformada por un hombre, una mujer y su descendencia, se encuentra entre sus obligaciones profesionales.

Dado a que prácticamente todas las doctrinas se basan en la conservación de las tradiciones sociales y en la consolidación de sus normas, a nadie debe extrañar el reciente movimiento de las iglesias en contra de cualquier aceptación de la homosexualidad y al reconocimiento de los derechos civiles de las parejas conformadas por individuos del mismo sexo.

Como sucede en sociedades regidas por estrictas normas religiosas y en las cuales no existe una división clara entre iglesia y Estado, esta reacción sólo intenta detener un proceso de apertura que ya ha conquistado espacios importantes en el mundo entero, no porque esas otras sociedades estén gobernadas por el libertinaje, sino porque son capaces de respetar la vida privada de sus ciudadanos.

En esta situación no hay dónde escoger, a menos que sea entre la intolerancia medieval y el respeto a los derechos humanos.

Por más leyes que se pretenda establecer en contra de esta realidad, el hecho incuestionable es que las personas tienen el derecho a elegir con quién relacionarse, con quién formar una familia y cómo vivir su vida. Ni hablar de su legítimo derecho a escoger a su pareja.

El concepto de familia, tal como se lo presenta en todos los discursos y las plataformas doctrinarias, es una abstracción referente a una parte del conglomerado.

La idealización de un “debería ser”. Por supuesto, es innegable que existe un porcentaje respetable de familias funcionales, cuyos integrantes aportan valores importantes a la sociedad a la cual pertenecen. Familias equitativas a nivel de la pareja, respetuosas a nivel de los hijos y conscientes respecto DEL papel que les corresponde dentro de su comunidad.

Sin embargo, otro porcentaje igualmente importante está conformado por madres e hijos abandonados y familias en las cuales impera la violencia, la desintegración, el odio, la intolerancia y la falta de amor.

El verdadero tema a tratar, entonces, no es la protección de la familia, sino la pérdida de valores y esto nada tiene que ver con las preferencias sexuales de los individuos ni con su elección a la hora de formar un hogar.

La homosexualidad se pretende señalar como fuente de vicios y desviaciones, pero es preciso reconocer que los peores vicios y desviaciones en esta sociedad provienen de individuos presumiblemente rectos en sus tendencias sexuales.

Y si de valores se trata, hay que aceptar el hecho de que atacar a los homosexuales no terminará con la violencia, ni con la corrupción ni con la evidente decadencia moral de esta sociedad.

Fuente: www.prensalibre.com


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