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La guerra sucia
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 25 de julio de 2005
elquintopatio@mac.com

El terrorismo no se estrenó en Nueva York, ni en septiembre. Tiene una larga trayectoria como táctica de guerra utilizada por grupos y países, en todas las épocas

Desde el origen de las sociedades organizadas y las rivalidades religiosas y políticas, el terrorismo ha sido una de las tácticas de guerra más socorridas por los grupos disidentes, en casi todos los países del mundo.

Doctrinas de fe, ideología, intereses económicos o territoriales, todo ha servido a sus propósitos.

Y, por supuesto, allí donde haya población civil indefensa a merced de las fuerzas en pugna, se podrá demostrar en toda su intensidad la crueldad de las tácticas terroristas.

A pesar de que por conveniencia política se pretende circunscribir la acción terrorista a grupos ilegales, la realidad es que muchos Estados lo han practicado, tanto en sus propios territorios como lejos de sus fronteras.

El siglo veinte fue prolífico en actos terroristas. Durante las primeras dos guerras mundiales —hoy existe otra más solapada pero mucho más mortífera— ya se usaba para atemorizar a la sociedad con el propósito de debilitar a los bandos enemigos.

Sin embargo, además de constituir una herramienta de grupos clandestinos, ya era una forma de lucha de los ejércitos, los cuales tenían unidades especializadas en actos de sabotaje y ataques indiscriminados a núcleos de población civil.

En cuanto al terrorismo de Estado, la Guerra Fría fue su mejor campo de experimentación.

Dos unidades de élite —la CIA y la KGB— compitieron durante décadas por el dominio estratégico en Europa y entre las naciones del tercer mundo, dejando una estela de muerte y destrucción disimulada tras las hábiles cortinas de humo desplegadas por los gobiernos que les sirvieron de cómplices durante ese largo conflicto.

Pero fueron los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Manhattan los que desataron una nueva definición mediática del término.

A partir de entonces, el terrorismo se identificó con un grupo definido por su ubicación geográfica, su origen étnico, su ideología política y su doctrina religiosa.

A partir de entonces, la guerra contra el terrorismo iniciada por Estados Unidos se ha transformado en una moderna cruzada cuyo poder traspasa fronteras y compromete la fidelidad de sus aliados, a pesar de las represalias que han sufrido ya dos de ellos: España y el Reino Unido.

Sin embargo, el terrorismo no es únicamente musulmán ni proviene del Medio Oriente.

Es una forma de lucha política al alcance de cualquier extremista capaz de fabricar una bomba y hacerla explotar, como sucedió con Timothy MacVeigh, prototipo del joven estadounidense medio.

La semilla del odio brota como una condición natural de la naturaleza humana y los países industrializados, en su competencia por la supremacía bélica y económica, han sembrado muchas de esas semillas en cada rincón del mundo.

Fuente: www.prensalibre.com


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