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El león de Xela
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 22 de agosto de 2005
elquintopatio@mac.com

La muerte del león del zoológico de Quetzaltenango tiene relación con valores humanos, calidad de vida y oportunidad de educación de la niñez altense.

La relación entre los valores humanos y el respeto a los demás seres vivos ya es un hecho que debería estar fuera de discusión.

En la medida en que seamos capaces de comprender el valor de todos y cada uno de los elementos del mundo en que vivimos; el balance existente entre sus distintos componentes y cómo nosotros, como agentes de cambio, somos capaces de afectarlo, respetándolo o destruyéndolo, seremos también capaces de elevar el nivel de nuestra propia naturaleza.

Por eso, la muerte innecesaria y cruel del rey de los felinos, encerrado en una jaula insuficiente del zoológico de Xela y condenado al hambre y las enfermedades, constituye una radiografía de nuestras carencias como seres humanos.

A partir de ese hecho, el cual para algunos es irrelevante, se puede diagnosticar una peligrosa deficiencia en la escala de valores de nuestra sociedad, en la cual la educación, la caridad, el aprovechamiento de las oportunidades de enseñanza y el respeto por la vida, se han ido relegando a una última posición.

El león de Xela es un símbolo, pero uno muy preocupante. Su muerte —por descuido, negligencia u olvido— representa también el deterioro de la sociedad como un todo, dada la obvia marginación de aquellas cualidades espirituales esenciales que constituían, hasta hace poco, el elemento aglutinante de las comunidades, aquel que establecía la coherencia entre su realidad y sus anhelos por alcanzar una vida mejor.

Quizá sea la degradación general o el acelerado ritmo de vida, lo cierto es que aparentemente los quetzaltecos olvidaron proteger a los animales de su zoológico, olvidando también que ese parque es una de las pocas atracciones con que cuentan sus niños para instruirse mientras se divierten, en un ambiente que debería ser un ejemplo de respeto por la vida y sus distintas manifestaciones.

Si es el alcalde o el gobernador quien olvidó alimentar al león, no es el punto a discutir.

El asunto estriba en el poco interés de los habitantes, quienes no han intervenido de manera determinante para rescatar una parte de su patrimonio, la cual es mucho más útil y valiosa de lo que se imaginan, más aún que otros monumentos de la bella ciudad de Los Altos.

El zoológico no es un atractivo turístico más, sino una parte esencial de la cultura urbana y en la actualidad, estos recintos se tienden a transformar en santuarios de protección para las especies animales y vegetales cuya existencia peligra cada día.

Si de algo sirve la muerte del león, que sea para acordarse del futuro de los niños, quienes no deben sumar a sus ya injustas carencias la destrucción de uno de los sitios esenciales para su formación como seres humanos y como futuros ciudadanos.

Fuente: www.prensalibre.com


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