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Un lujo demasiado caro
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 28 de agosto de 2005
elquintopatio@mac.com

Aquella ley que reza: “Todo lo que sube tiende a bajar”, pierde validez cuando se trata del petróleo.

Los seres humanos -en especial quienes vivimos en espacios urbanos- hemos perdido por completo el sentido de las proporciones y la capacidad de vivir de acuerdo con nuestra realidad.

Gastamos mucho más de lo necesario, despilfarramos recursos valiosos por no comprender su valor y perseguimos tozudamente un nivel de vida al cual, quizá, podrían corresponder los ingresos, pero no la realidad circundante.

Uno de estos elementos es el combustible. En otros tiempos y otras latitudes, las crisis del petróleo obligaron a los ciudadanos a inventar mecanismos de ahorro para hacer frente a la escasez.

En algunos lugares los vecinos se organizaban para turnarse en el uso de los vehículos y en otros, el Estado imponía racionamientos y medidas forzadas de ahorro.

Todo esto, con el fin de crear una mayor conciencia respecto del valor de un recurso tan indispensable para la industria y el desarrollo de las naciones, como vulnerable a las guerras, a las crisis políticas, a los medios de transporte y a la presión de los países productores.

En Guatemala, sin embargo, esta necesidad no parece existir aún. Al salir a las calles, se puede observar el enorme parque vehicular de camionetas todo-terreno y vehículos de alta cilindrada, como si el petróleo manara generosamente de las entrañas de esta tierra.

No existe una idea, ni siquiera remota, de cuál es el costo que pesa sobre cada habitante por la importación de combustibles, incluyendo a quienes no tienen vehículo ni servicio de energía eléctrica.

Tampoco se observa la menor señal de alarma ante el aumento de sus precios en el mercado internacional, excepto por algunos comentarios aislados que no se reflejan en un cambio de hábitos de consumo.

Todo esto deja la impresión de que los precios internacionales del petróleo -que difícilmente van a descender de sus actuales niveles- es un tema para especialistas, sin relación con la vida ordinaria del ciudadano común, a pesar de que los combustibles constituyen uno de los elementos estratégicos del mundo actual y todos dependemos de él, en mayor o menor medida.

Por la enormidad de su incidencia en nuestra vida, el despertar de este sueño del libre consumo puede llegar a ser traumático.

Acostumbrados como estamos a salir de casa tras el volante y regresar del mismo modo, pocos consideran siquiera la idea de utilizar el transporte colectivo cuando los precios del petróleo nos traigan de golpe a la realidad nacional. Y menos aún, quienes ven en esta escalada de precios los primeros signos de un cambio radical en su estilo de vida.

Fuente: www.prensalibre.com - 270805


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