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Las cifras ocultas
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 15 de octubre de 2005
elquintopatio@mac.com

Guatemala está de duelo por los muertos inocentes, por el saqueo de sus recursos y por sus enormes debilidades estructurales

Las cifras oficiales de muertos y desaparecidos son un pálido reflejo del drama que viven miles de guatemaltecos ahora que ya están pasando los efectos de la tormenta Stan.

Esto, debido a que no terminan aún de cuantificarse las pérdidas de vidas humanas, de recursos naturales, de fondos estatales y de oportunidades de desarrollo que dejó como cauda el huracán Portillo-FRG y de las cuales no existe esperanza alguna de recuperación.

La relación entre ambos cataclismos es mucho más directa de lo que parece. Los extremos del saqueo de los recursos nacionales durante la época eferregista constituyó la condena a muerte para muchas comunidades que jamás tuvieron acceso a aquellos medios que les hubieran permitido mejorar sus viviendas, acceder a servicios de salud y educación, aprovechar nuevas tecnologías para mejorar su calidad de vida y, especialmente, para comprender de manera práctica las ventajas de respetar la naturaleza que las rodea.

La responsabilidad del ex mandatario y sus huestes en la situación actual no debe desestimarse, dado que a diario se conocen nuevas formas de corrupción y desvío de fondos que debieron destinarse a obras de infraestructura y no a simular —entre otras fantasías— la redecoración eterna de un jardín de 200 metros cuadrados en una vivienda de lujo, como parece haber sido la ocupación recurrente de Evelyn de Portillo, cónyuge y también cómplice del ex gobernante.

Las familias afectadas por este fenómeno natural -—Stan, no los Portillo— tienen derecho a cobrar por lo que nunca recibieron.

Esto significa que esas fortunas inmensas amasadas por los funcionarios corruptos y el dinero requisado a los narcotraficantes, quienes probablemente también disfrutaban de la impunidad gracias a los sobornos repartidos entre esos mismos funcionarios, debería destinarse a construir viviendas decentes, habitables y dignas de esas familias trabajadoras que se han quedado sin nada.

Los aviones requisados en los operativos antinarcóticos deben subastarse y destinar ese dinero a paliar esta nueva ola de miseria que se abate sobre ciudadanos que merecen mejores oportunidades.

Si actualmente esto es imposible por limitaciones de orden legal, en manos del Congreso está proceder correctamente y, en lugar de aplicar su poder en hacer al país cómplice de Japón en la matanza de ballenas, dedicar su energía y su tiempo a estudiar la manera de sacar a Guatemala de esta crisis con decisión y visión de futuro.

El país está de duelo, pero una gran mayoría de sus habitantes demuestra una voluntad que ya quisieran sus líderes políticos.

La solidaridad expresada por niños, adolescentes y adultos de todos los estratos y de cada rincón de su geografía, demuestran la existencia de una sólida base humana.

Ahora sólo falta la voluntad política para poner al país en pie.

Fuente: www.prensalibre.com - 081005


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