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El otro Congreso
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 29 de octubre de 2005
elquintopatio@mac.com

Dada la inoperancia del sistema de justicia y la falta de interés de los diputados por defender los derechos de las mayorías, es preciso recurrir a otras instancias

Uno de los ejemplos más ilustrativos del vacío de voluntad política de los diputados, es su indiferencia respecto de los asesinatos de mujeres.

Por ello, organizaciones de mujeres y familiares de víctimas han optado por acudir al Congreso de Estados Unidos buscando apoyo para ejercer presión sobre el Gobierno de Guatemala y lograr que éste trabaje en el esclarecimiento de casi dos mil asesinatos de mujeres, cometidos en poco menos de cinco años.

De todos estos casos, apenas unos 12 han sido llevados a los tribunales, según datos de Caldh.

Esto, sin duda, deja abierta una duda más que razonable respecto del interés del sistema de justicia por dar respuesta a la sociedad sobre los mil 800 y tantos casos archivados, como si esas mil 800 y tantas mujeres jamás hubieran existido o esas mil 800 y tantas vidas no hubieran tenido el menor valor para la sociedad guatemalteca.

En fin, el asunto es que esa ciudadanía, cuya vida y porvenir dependen de las decisiones más o menos acertadas de un grupo de políticos empíricos, ahora vuelven sus ojos hacia otra instancia: extranjera, lejana, ajena a su idiosincrasia y al interés nacional, para conseguir algo a lo cual la Constitución Política de su patria le da derecho: justicia.

Por supuesto, los asesinatos de dos mil mujeres en menos de cinco debería ser un tema prioritario para el Estado de Guatemala, especialmente cuando se segmenta esa cifra macabra para descubrir que una gran parte corresponde a niñas y adolescentes quienes no tuvieron el tiempo ni la oportunidad de empezar a vivir.

Quizá aquellos legisladores tan opuestos a aprobar leyes con signo de género, como la del acoso sexual, o a aceptar modificaciones a ciertas leyes, como aquellas que protegen a los violadores, tengan algo que decir ante el bochorno de recibir sugerencias o comentarios con acento de reproche por parte de sus colegas del norte.

En todo caso, con este acto de auténtica desesperación por parte de los familiares de las víctimas y las organizaciones de mujeres, son ellos quienes quedan en evidencia ante el mundo en toda la dimensión de su incapacidad para hacer frente a los desafíos de una sociedad cuyos valores colapsan, mientras sus líderes evaden su responsabilidad.

Quizá ya es hora de empezar a hacer el trabajo para el cual se les paga, y no precisamente porque se acerca un nuevo proceso electoral, sino por un simple asunto de conciencia.

Fuente: www.prensalibre.com


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