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El fuero especial
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 12 de diciembre de 2005
elquintopatio@mac.com

Aún se recuerda la dictadura de los 80, durante la cual no existían las garantías constitucionales ni se respetaban los derechos humanos.

El ministro de Gobernación mencionó la necesidad de instaurar tribunales con jueces sin rostro. Y, a pesar de las evocaciones macabras que eso trae a la memoria, no deja de tener razón. En Guatemala no habrá posibilidad alguna de impartir justicia ni sustraer al sistema de la amenaza de los criminales que lo mantienen secuestrado, hasta que éstos se vean imposibilitados de acabar con todo aquel funcionario que ose dictar una condena en su contra.

Pero hay otro lado en esta moneda y ése es la inaudita debilidad de la institucionalidad en Guatemala. Sin un sistema preventivo del crimen capaz de resistir las presiones y el chantaje, suficientemente técnico como para actuar con eficacia frente a un crimen más organizado que el Estado mismo, de nada servirá un equipo de jueces de alto impacto porque no tendrán a quien juzgar.

Además, este grupo de élite dentro del sistema de justicia debe estar respaldado por un cuerpo de fiscales e investigadores de primera categoría, tan protegidos —y quizá también anónimos— como los mismos jueces. La cadena, por lo tanto, siempre tendrá eslabones débiles que impedirán una administración de la justicia merecedora de esa calificación.

Las palabras del ministro son audaces, sin duda. Él conoce bien sus implicaciones y sabe del impacto político derivado de una sugerencia de esta envergadura. Todavía resuenan los ecos de los siniestros tribunales de fuero especial de la época de Ríos Montt y, si el tema no se maneja con cuidado, su propuesta podría considerarse como uno de los peores retrocesos en el proceso de democratización del país, más grave aún cuanto implica un reconocimiento explícito de la derrota de la política de seguridad de la actual administración.

Existe otra esquina débil en la propuesta del funcionario: el Congreso. Si se habla de debilidad institucional, allí es donde reside una de las mayores desventajas para establecer una plataforma estratégica de tales características. Si es posible especular respecto de una posible respuesta de los legisladores, es casi seguro colegir que allí encontrará una oposición férrea a semejante idea. No sólo por una cuestión de conciencia, ya que esa no es precisamente una fortaleza entre la mayoría de ellos, sino por las elecciones que se aproximan y la identificación de los tribunales de fuero especial con la dictadura, las desapariciones forzadas, los crímenes políticos, la limpieza étnica con su política de tierra arrasada y todas las violaciones a los derechos humanos cometidas durante esa época.

Jueces de alto impacto, señor ministro, necesitan de un Estado sólido con instituciones sólidas y funcionarios de carrera. Y de eso, señor, Guatemala anda escasa.

Fuente: www.prensalibre.com


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