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Los niños invisibles de Guatemala
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 17 de diciembre de 2005
elquintopatio@mac.com

Es interesante observar el actuar de los políticos. Así se constata cuán poco les importa el futuro de su país y sus habitantes.

Es un fenómeno de carácter nacional. Esa total indiferencia por la vida humana y el porvenir de esta nación tan rica en posibilidades, ha sido la característica principal de todos los gobiernos pero, muy especialmente, el reflejo de la actitud de la clase política y económica que ha regido su destino durante los últimos veinte años.

Los informes de organismos nacionales e internacionales en cuyas páginas se acumulan las cifras de desnutrición, mortalidad materna, embarazos no deseados, violencia intrafamiliar, niñez abandonada, índices de contagio de VIH y enfermedades de transmisión sexual entre otras muchas catástrofes que se abaten sobre la población, son convenientemente archivados y sus recomendaciones de carácter urgente, ignoradas.

En lugar de concentrar esfuerzos en lo más importante -el bienestar y la seguridad de los habitantes- los políticos de turno vuelven su mirada hacia las estrategias de la próxima campaña electoral y ocupan su tiempo en reunirse con posibles financistas para terminar de empeñar lo que va quedando de la riqueza nacional, ya abundantemente saqueada por sus predecesores.

En este paisaje abrumador, no debería sorprendernos la profunda degradación en la autoestima de los ciudadanos.

De otra manera, no es posible explicar que, una vez más, las encuestas revelen un repunte en la popularidad de un político señalado por actos de corrupción y por sus estrechos vínculos con personajes de dudosa reputación.

Esto sólo puede suceder en un país que antes ya erigió como su máximo líder a un individuo capaz de asesinar a sangre fría a otros seres humanos y colocar en un sitial de privilegio -en pleno proceso de democratización- a un dictador acusado de genocidio.

Ahora el informe de UNICEF evidencia una vez más las debilidades de un Estado incapaz de resolver el problema agudo de la niñez de Guatemala.

Un problema que no va a disiparse en el aire contaminado gracias a las estrategias propagandísticas del gobierno, porque a pesar del discurso político, los niños invisibles de Guatemala están demasiado a la vista.

Surgen en la crónica roja de los periódicos. Acechan en las esquinas y se hunden en los vapores de su droga barata mientras los diputados y los ministros consumen sin escrúpulo, en placeres personales, aquellos fondos que servirían para rescatarlos y convertirlos en ciudadanos útiles, dignos y productivos.

Los niños invisibles simbolizan la tumba de la democracia, el ocaso de una esperanza violada por una clase política que ni se ha ganado honestamente el sitial que ocupa, ni hace nada para reparar el daño que su sola existencia ha causado a toda la nación.

Fuente: www.prensalibre.com


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