Regalos de Navidad
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 22 de diciembre de 2005
elquintopatio@mac.com
El veto a una ley urgente y largamente esperada, ha sido el presente navideño del mandatario para las mujeres de Guatemala.
Bien aconsejado, el presidente esperó hasta último momento para pronunciarse sobre la ley de acceso universal y equitativo a los servicios de planificación familiar y su integración en el programa de salud sexual y reproductiva.
Por supuesto, dijo no. Y así, probablemente, se sintió en paz con el cardenal y con su grupo inmediato.
Las organizaciones de mujeres, de derechos humanos y ciertos sectores políticos protestarían, pero nadie les haría caso en medio del bullicio de las compras, los villancicos y el asunto de los toneles con droga.
Lo que el presidente no ha calculado es que esa ley no es una conquista temporal de un grupo aislado de mujeres extremistas. Es un asunto de justicia relegado por generaciones, un tema sujeto a la voluntad de instituciones no idóneas para opinar sobre salud sexual y reproductiva —como la Iglesia Católica y otros sectores dirigidos por hombres ultra conservadores— el cual impacta directamente en la salud y la calidad de vida de una abrumadora mayoría de la población.
Los argumentos para tomar la decisión de vetar la ley resultan tan débiles como todas las decisiones presidenciales de los últimos tiempos.
Simplemente, responden a intereses sectarios y olvidan el bienestar del pueblo que lo eligió y al cual debe respeto.
El actual mandatario puede ser un buen finquero, pero ha confundido los papeles. Guatemala no es su finca, ni su propiedad privada, ni fue coronado emperador, a pesar de que ha sido esa la actitud de casi todos los presidentes y dictadores que lo han precedido.
Por lo tanto, en su calidad de máximo administrador de los bienes del Estado y de los asuntos nacionales en un país que camina hacia la democracia, lo menos que puede hacer es escuchar la opinión de las organizaciones sociales y populares, que son los auténticos voceros de las mayorías.
Es decepcionante constatar que las antiguas estrategias políticas no han cambiado un ápice.
Fin de año, con sus tradiciones y la atención de todos puesta en cómo hacer para pasar una Navidad medio aceptable y en cómo estirar el magro presupuesto para complacer a más niños de los que se puede mantener, es el momento ideal para tomar decisiones difíciles y confrontativas.
Las organizaciones sociales se encuentran medio desarticuladas por el receso y pocos estarán prestando atención a las decisiones que les afectan.
En fin, no cabe duda de que el sector oficial se sentirá satisfecho por haber traicionado, una vez más, las esperanzas de las mujeres de que prevalezcan, por fin, la justicia y la igualdad de derechos.
Fuente: www.prensalibre.com |