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La condición humana
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 12 de marzo de 2007
elquintopatio@mac.com

El discurso que Bush ha repetido durante toda su visita es un documento probatorio de su desprecio por nuestra capacidad de raciocinio

Lo dijo en Brasil y también en Uruguay: “Me preocupa la condición humana”, como si Lula o Vázquez fueran alienígenas ignorantes de la agresiva política estadounidense de los últimos años, a la cual se deben miles de deportaciones de inmigrantes ilegales, el genocidio cometido contra el pueblo iraquí en una guerra insensata y muchos otros actos de violencia en contra de naciones más débiles.

Este paseo por aquello que algunos políticos estadounidenses denominan “el patio trasero” ha despertado la ira de muchos ciudadanos conscientes.

El sólo hecho de recibir a Bush con honores en Guatemala y México, países cuyos ciudadanos son literalmente cazados por grupos armados como los minutemen y por las fuerzas especiales dedicadas a capturarlos y enviarlos encadenados como criminales de vuelta a sus países, es de por sí contradictorio y humillante.

Como un toque adicional de prepotencia, la población ahora debe tolerar a sus elementos del Servicio Secreto metiéndose en sus casas y en sus establecimientos comerciales, haciendo uso de facultades extraordinarias que ni en sueños se le permitirían a individuos foráneos en territorio estadounidense.

Este operativo extraterritorial para proteger a un mandatario que en lugar de aportar beneficios viene a ver qué consigue para reparar su deteriorada imagen personal y a competir con los avances de Chávez en la región, no sólo inflige un daño económico, sino también uno moral a una población directamente afectada por la violencia diaria, y especialmente por los vejámenes que sufren miles de familiares y amigos, quienes han emigrado al Norte para buscar mejores condiciones de vida.

Si le preocupara la condición humana al presidente Bush, su administración se hubiera destacado por el respeto a los derechos humanos, la solidaridad, la conciencia de su responsabilidad en una política exterior culpable de la acentuación de la pobreza extrema y el aumento de la corrupción en los países en desarrollo.

En esta misma línea, hubiera asumido su responsabilidad en el papel jugado por sus ciudadanos en el tema del narcotráfico y la producción de droga en América Latina y el Medio Oriente, en donde se refleja claramente la incapacidad de su Estado para hacer frente a un problema que es más suyo que nuestro.

Si la condición humana fuera una prioridad para la Casa Blanca, no hubiera sido necesario todo el despliegue de fuerza que acompaña su visita. Para miles de latinoamericanos su presencia es un gesto de prepotencia, no un acercamiento amistoso, y no beneficia en nada a las ya muy desequilibradas relaciones bilaterales.

Fuente: www.prensalibre.com


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