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La feminización
Por Carolina Vásquez Araya - Guatemala, 29 de octubre de 2007
elquintopatio@mac.com

En la discusión pública de los problemas de mayor incidencia en el desarrollo de las naciones, es importante no confundirse con los términos “políticamente correctos”.

Hoy se habla de feminización de la pobreza para aludir al hecho incontestable de que las mujeres somos quienes sufrimos con mayor fuerza los embates de uno de los grandes males del siglo.

Sin embargo, es preciso tener cautela al usar esta técnica para englobar conceptos.

La pobreza extrema afecta, de esto no cabe duda, a más mujeres que a hombres en el mundo entero. O quizás ésta sea más visible y ofensiva entre la población femenina, por estar agravada por la discriminación y la violencia de género, así como por una limitación en el acceso a oportunidades de desarrollo, la cual, en algunos casos, hasta ha sido consagrada por la Constitución y las leyes.

Lo que no se debe olvidar en el análisis es que detrás de cada una de esas mujeres señaladas por las estadísticas como marginadas, pobres o extremadamente pobres, hay una familia integrada por niñas y niños casi en la misma proporción. Esta imagen dibuja una especie de catastrófico diagnóstico de los escenarios futuros más probables para la población mundial, de no establecerse políticas inteligentes y humanas para evitar el colapso de aquello que conocemos como Humanidad.

También cuando se habla del VIH/sida se ha aplicado este concepto de la feminización. Si es un intento por desvanecer la imagen inicial -un síndrome mortal casi exclusivo de la población homosexual- o si es una realidad estadística, es difícil de establecerlo, por la falta de registros en los países más afectados.

Aunque ésta sea una realidad, lo cierto es que el contagio aumenta en todos los países en vías de desarrollo, no sólo por la falta de campañas de información y prevención hacia la población objetivo -es decir, entre las personas sexualmente activas-, sino por la misma actitud de indiferencia hacia los sectores tradicionalmente desprotegidos de la sociedad. Es decir, aquellos más pobres y con menor acceso a los servicios básicos, como agua potable, alimentación, vivienda, educación y salud.

Por esta razón, creo que la feminización de los problemas que agobian al planeta es una verdad a medias. El desarrollo de un país, de cualquier país y esto se ha demostrado en todos los aspectos, depende de la incorporación activa de las mujeres en la toma de decisiones y en la posibilidad de compartir el poder político y económico en términos equilibrados.

Por lo tanto, las consecuencias de no abrir esas compuertas son lo que vemos alrededor: pobreza generalizada y una degradación progresiva e irreversible de la capacidad física e intelectual de las futuras generaciones, éstas sí integradas por hombres y mujeres por igual.

Fuente: www.prensalibre.com - 261007


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