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Triunfó la vida: testimonio de joven secuestrada en 1982
Por Carmén Yolanda Gómez Mayorga - Guatemala, 22 de agosto de 2007

Secuestrada por el Ejército de Guatemala el 10 de agosto de 1982, liberada por la presión de la población a través alrededor de tres mil firmas contenidas en memoriales enviados a Efraín Ríos Montt, y gracias a la intervención de organismos internacionales de derechos humanos, el 20 de mismo mes.

Hoy 10 de agosto, amanecí con una sensación indescriptible, sentimientos encontrados, deseos de llorar y de reír, recuerdos muy impactantes. No era para menos, hace 25 años, más o menos a las diez de la mañana, frente a una escuela primaria de Amatitlán, donde la niñez recibía su clase de educación física, una jauría, parte del aparato represivo de Ríos Montt, me llevaba secuestrada.

Cuatro “tipos” me introdujeron violentamente y con lujo de fuerza, a un vehículo beige con vidrios polarizados, dos policías nacionales observaron la acción. Con la blusa que llevaba puesta me vendaron los ojos, me quitaron los zapatos, y me dijeron que los colocarían en una banqueta para que mi familia no dudara que era yo la “desaparecida”

Rápidamente fui conducida hacia la capital, lo sé pese que los “perros” financiados por los que hoy son dueños de todos los partidos de derecha, intentaban engañarme con que me llevaban hacia la costa sur. En el camino tuvo lugar el primer interrogatorio y los primeros golpes, aunque por momentos me decían que eran “compañeros” y que lo que hacían era necesario por lo peligroso de la situación, porque necesitaban hablar conmigo.

A pesar de que me había relacionado con mucha gente que participaba en luchas pequeñas y grandes en distintos niveles, y que desde algunos años atrás se conocía que el ejército y sus bandas paramilitares secuestraban a las personas, como parte de la política de “seguridad del Estado”; mi primera impresión cuando me entraron a una de las cárceles clandestinas donde me retuvieron, violando mis más elementales derechos, a la vida, a la libertad y a la movilización, fue que en ese momento me matarían.

Estaba totalmente equivocada, en esa casa, en donde jamás escuché nombres de personas, sino todos se llamaban con nombres de animales, el pantera, el tigre, el gavilán, etc.; después de que varios hombres me sometieron a intensos cuestionamientos y amenazas, al no lograr la información requerida, fui conducida a un lugar que según los tipos era mágico, allí todos decían la verdad. Inmediatamente me aplicaron una “sesión de tortura”, que consistía en choques eléctricos por medio de alambres conectados en los dedos pequeños de los pies, los pechos y partes íntimas, quemadas e intentos de asfixia.

La situación ese día concluyó cuando me desmayé, desperté varias horas después, me cuidaba un hombre, yo estaba con otra ropa y en otra casa, donde creo que habría por lo menos otras 20 personas.

De esa manera transcurrieron los diez días más largos de mi vida, entre asesinos, torturadores, violadores en todos los sentidos, en un pequeñísimo lugar de un metro de altura y uno y medio de largo más o menos, donde no podía pararme.

Posteriormente me dijeron que me iban a soltar pero que yo debía asumir algunos compromisos con ellos. Para ello se identificaron plenamente, yo debía colaborar con el ejército y, entre otros compromisos, debía obedecer la orden de no visitar ninguna población indígena, no relacionarme con la gente y no estudiar. No participar en nada.

Posteriormente, una noche me dejaron tirada en una de las calles de Amatitlán, no sin antes recibir todas las órdenes de lo que debía cumplir. La más importante, pasar información sobre lo que hacía la gente. Llegarían cada cierto tiempo a mi casa para recoger la información.

No sé si la supuesta libertad fue más dura que estar en la cárcel clandestina, llegaron cuanta vez se les antojó. Me exigían información sobre determinadas personas. Si yo salía debía decir a dónde, con quién, la hora de regresar y lo más importante con quién y de qué iba a hablar.

Toda esta situación destruyó buena parte de mi personalidad, autoestima, confianza; en lo físico, tengo secuelas en la boca, los pies, los ojos, debido a las torturas, pero quizás lo más doloroso fue tener que aislarme de la gente, mi familia vivió el horror de la amenaza, el aislamiento, el acoso de las bandas paramilitares, el descrédito, el exilio, etc.

Todo ello es parte de la carta de presentación de muchos que hoy se presentan en los medios de comunicación y en una diversidad de materiales propagandísticos, cómo los salvadores de Guatemala, los que proporcionarán “seguridad” a la población guatemalteca.

Muchos de ellos fueron asesinos y autores intelectuales y materiales de las más graves violaciones a los derechos humanos de miles de personas guatemaltecas, Otto Pérez Molina, Efraín Ríos Montt, entre ellos.

Otros fueron actores tras bambalinas, asesores del ejército, del gobierno o de las fuerzas represivas. Pero todos los que hoy representan a la gama de partidos de derecha, centro derecha, de centro, y otros, han sido parte de esa terrible y dolorosa situación, porque han financiado y se han plegado a los intereses del gran capital; para resguardar esos intereses utilizaron al Ejército, y crearon los tenebrosos cuerpos represivos que sumieron al país en la desgracia en que se encuentra actualmente.

Esos personajes sombríos, retrógrados, no cambian, si pudieran volverían a bañar en sangre a Guatemala; por ello, lejos de ser candidatos ahora, si el sistema de justicia fuera funcional, estarían de por vida tras las rejas, lo más alejado posible de la sociedad que intenta rehacer la vida y hacer florecer nuestro país.

Este día recuerdo con respeto, admiración y agradecimiento a los miles de hombres y mujeres que fueron capaces de entregar lo más valioso de un ser humano, su vida, en aras de un país diferente con justicia social, sin exclusión y sin represión.

Hoy, después de 25 años, me siento afortunada, recuerdo el hecho, veo las secuelas, pero estoy viva, disfruto, puedo pensar, puedo actuar, puedo hacer lo que me quisieron prohibir, ayer por ejemplo fui capaz de ver esas impresionantes imágenes de la marcha en Huehuetenango para conmemorar el Día internacional de los Pueblos Indígenas, por quienes hoy siento más respeto y admiración que nunca.

En pocas palabras, triunfó la razón, la vida, la coherencia. La realidad ha demostrado que hay procesos irreversibles, que aunque intenten detenerlos con logos con manos de la UNE manipulando el término esperanza, o con mano dura que se convertirá en represión contra el pueblo, América Latina se encamina hacia gobiernos democráticos, de izquierda y revolucionarios.

Fuente: Miguel Angel Albizures - maalbizures@gmail.com


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