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Los Monólogos de la Vagina
Por Carol Zardetto - Guatemala, 29 de junio de 2007
elquintopatio@mac.com

Aparte de la violencia familiar, existen otras aberraciones.

Hace un par de semanas presencié la famosa obra de Eve Esler que ha recorrido el mundo: Los Monólogos de la Vagina. Trata fundamentalmente de dos temas: el primero es lo “innombrable” de la sexualidad femenina. A tal punto “innombrable” que el hecho de pronunciar la palabra “vagina” incomoda tanto a hombres como a mujeres, prefiriendo apelativos menos explícitos.

Según mi punto de vista, estamos en un momento interesante donde las vivencias de varias generaciones se entrecruzan. Mientras para las mujeres que ahora son abuelas sigue vigente la imagen maniqueísta de la sociedad patriarcal, según la cual la mujer “decente”, era aquella con cuya sexualidad estaba estrictamente enfocada a la maternidad o la vida conyugal, y la “indecente” era un objeto sexual de uso exclusivo para el placer del hombre, indigna de los círculos sociales respetables. En ambos casos su sexualidad era clandestina, innombrable y, en general, desacreditada.

Mi generación ha estado envuelta en menos tabúes. Las mujeres hemos pasado de ser los sujetos de quienes los hombres hablan y crean, según los dictados de su imaginación, a ser los sujetos que dictan su propio discurso. No quiero obviar las rémoras de la sociedad patriarcal y machista, especialmente en un país que, como Guatemala, sigue sumido en patrones tradicionalistas; sin embargo, la necesaria confrontación que asumimos ha permitido mayores libertades en todos los ámbitos, incluyendo el sexual.

En las más jóvenes, la libertad sexual y lo explícito de sus manifestaciones rompen completamente con cualquier viejo paradigma y exigen un nuevo modelo de sexualidad masculina, de pareja, y quizá hasta de sociedad, asignatura todavía pendiente.

El otro tema que aborda la obra es la violencia contra la mujer. Aparte de la violencia familiar, existen otras aberraciones como las ablaciones de los clítoris practicadas en los países musulmanes, la exigencia de ocultar los rostros, los crímenes en serie con mutilaciones y vejaciones espeluznantes que se han puesto “de moda” y las violaciones masivas comunes en los conflictos armados, como si penetrar el territorio del cuerpo femenino fuese parte del sometimiento del territorio nacional del enemigo.

La violencia humana es casi “natural”, pero la violencia contra la mujer toma un cariz muy específico y fundamental: se trata de la más personal violencia contra “el otro”. La sexualidad de la mujer será ese elemento desconocido y hasta temido, mientras no salgamos de una vez por todas de una obsoleta cultura falocéntrica (de la cual, ojo, también participan muchas mujeres). Cuando lo hagamos, las mujeres podremos aceptar y celebrar nuestra sexualidad sin tapujos y los hombres perder la obtusa noción de que somos objetos sumisos, útiles y… de su propiedad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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