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Retos para el siglo xxi
Por Carol Zardetto - Guatemala, 13 de julio de 2007
elquintopatio@mac.com

El mundo tiene puestos los ojos en el Protocolo de Kioto.

Nuestro mundo contemporáneo ha conocido más riqueza y prosperidad que nunca en la historia. El crecimiento sostenido de la economía mundial en los últimos 30 años ha sido impulsado por un continuo incremento en el uso de la energía proveniente, principalmente, de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas natural. El suministro mundial de estas energías ha ido en constante aumento.

Solo de 1971 a 2000 creció un 81 por ciento. Para el año 2000, el 79 por ciento de la energía primaria a nivel mundial provino de los combustibles fósiles.

Aparejado al creciente suministro, el consumo también ha sido cada vez más elevado, pues el estilo de vida moderno demanda cada vez más energía. Para darnos una idea, podemos afirmar que el hombre tecnológico consume cien veces más energía que el hombre cuya existencia gira en torno a la naturaleza. Así, los ciudadanos norteamericanos consumen un 29 por ciento de la energía primaria disponible a nivel mundial; mientras la totalidad de latinoamericanos consumen el 5 por ciento, y todos los africanos, el 4 por ciento (en África 509 millones de personas carecen de energía eléctrica).

A paso lento, el estilo de vida tecnológico se desplaza de los países industrializados a los países en desarrollo. Si a esto le añadimos el superlativo crecimiento económico de China e India, países con enorme densidad demográfica, podremos comprender el peso de la demanda de energía. ¿Cómo satisfacer la voracidad energética mundial?

Esta interrogante se vuelve de muy compleja solución cuando se añade a la ecuación dos factores de vital importancia: el primero es que la naturaleza exige una inmediata desaceleración de los efectos contaminantes producidos por los combustibles fósiles, y el segundo es que estos se están acabando.

En cuanto al primer factor, el mundo tiene la esperanza puesta en los esfuerzos del Protocolo de Kioto, cuyo principal objetivo es la reducción en la emisión de gases contaminantes mediante la sustitución de fuentes energéticas. Sin embargo, el principal factor de riesgo es que dicho acuerdo no fue suscrito por Estados Unidos ni China, dos de los países con más alto potencial contaminante en el planeta.

En cuanto al segundo, los más optimistas asignan un período máximo de 50 años para el agotamiento del petróleo (los más pesimistas no le dan ni 20) y no más de cien para el gas natural. Algunos expertos opinan que sin estos combustibles, la vida en la Tierra cambiará radicalmente de rostro. ¿Estamos preparados para este cambio extremo?

Como podremos imaginar, el siglo XXI estará marcado por la tremenda presión sobre los países que poseen la mayor reserva petrolera, donde sin duda, presenciaremos más perturbaciones políticas, guerras y nuevas invasiones por motivos de estrategia geopolítica. En cuanto al medio ambiente, el tema parece de pronóstico reservado.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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