El tratado marco que impulsó el Mercado Común Centroamericano fue suscrito en 1960, convirtiendo a la centroamericana, en la integración regional más antigua mundialmente. ¿Cuáles han sido sus logros? ¿Qué desafíos tiene pendientes? Son reflexiones importantes, sin embargo captan poco la atención y pareciera ser un asunto que sólo interesa a los expertos.
Ciertamente, la institucionalidad creada alrededor de la integración centroamericana ha facilitado el comercio intrarregional así como la suscripción de tratados con otros mercados integrados, tal el caso del CAFTA-DR o la actual negociación con la Comunidad Económica Europea. Sin embargo, algo ha fallado, pues los centroamericanos aún no sentimos que esto implique un territorio ampliado para nuestros múltiples intereses.
Quizá el principal déficit de la integración centroamericana es haberse replegado a un ámbito principalmente económico con poca o ninguna incidencia en la vida real, cotidiana y sentida de las personas. Así, pocos estudiantes consideran intercambios estudiantiles a la región o gozan de becas propiciadas por la institucionalidad regional, tampoco existe un intercambio significativo a nivel intelectual o artístico, un mercado laboral atractivo o quizá la posibilidad de tener incidencia regional sobre temas comunes, tales como el medioambiente, por ejemplo. En otras palabras, no se ha trabajado en abrir un vasto abanico de posibilidades que convirtiera la integración regional en un entramado intenso y rico para la sociedad. Es quizá esta razón por la cual permanece ausente del imaginario colectivo.
Me da la impresión de que los próximos 50 años de la integración centroamericana deberían ser dedicados no a los economistas, al comercio, a las aduanas o a la macroeconomía. Deberían ser dedicados a propiciar un verdadero intercambio y la consolidación de amplias alianzas ciudadanas a nivel regional. Esto constituye un verdadero desafío para la estructura institucional de la integración. ¿Cómo empezar? ¿Cómo hilvanar los primeros hilos para poner a tejer a los diferentes estamentos de las sociedades centroamericanas, hasta crear ese gran tejido que nos una?
Si los estamentos institucionalizados de la integración regional no inician un proceso transformador y creativo, corren el peligro de desaparecer bajo el peso de los cambios geopolíticos. De hecho, para los países centroamericanos puede resultar más interesante el comercio con la China o Brasil, por ejemplo, que continuar los esfuerzos por favorecer el comercio regional. Así, lo que alguna vez presentó una utilidad inmediata e impostergable, puede volverse de importancia secundaria. El desafío para la integración centroamericana estará en su capacidad de construir algo que ahora no existe: una ciudadanía ampliada con utilidad práctica y cotidiana. Una ciudadanía centroamericana.