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¿Cómo nos curamos de una cultura de violencia?
Por Carol Zardetto - Guatemala, 8 de febrero de 2013

Nuestra sociedad está basada en un montón de paradigmas enfermos.

Si el estudio denominado Siete mitos sobre la violencia homicida en Guatemala, publicado por elPeriódico está en lo correcto, más de la mitad de los homicidios en nuestro país son ocasionados “por causas personales” y un abrumador veinte por ciento se queda sin esclarecer.

El veinte por ciento de los asesinatos que queda sin resolver nos aclara por qué muchos optan por delinquir: existe una amplia posibilidad de que un acto execrable como quitar la vida quede sin castigo. La capacidad de esclarecimiento de nuestro sistema es demasiado débil, por ende, el impulso asesino no percibe un límite claro en el poder coactivo del Estado. Pero más abrumador resulta saber que más de la mitad de homicidios tiene que ver con “causas personales”. La estadística es para pararnos el pelo. Nosotros que tanto nos quejamos de la violencia como algo ajeno, ahora resulta que tenemos el monstruo dentro. Es nuestra propia violencia la que nos está matando.

Un factor importante en esta ecuación es la falta de credibilidad en el sistema de Justicia. Antes del surgimiento del Estado de Derecho, la venganza era un asunto privado. Entregar esta capacidad punitiva en exclusiva al Estado, requiere una adecuada respuesta institucional. Si no existe, se regresa a la primaria respuesta de la venganza personal. El estudio también aclara lo poco que incide la presencia policíaca en alterar estos índices. Así, la medicina que aplicamos a nuestro mal es la equivocada. Ciertamente no será ampliando nuestro arsenal de armas, municiones, guardaespaldas o paredes alambradas con púas que alteraremos una cultura violenta. En todo caso, no debemos olvidar es que el corazón de la violencia que nos aqueja está en la cultura. A partir de esta conciencia, debemos tomar decisiones fundamentales. ¿Nos gusta ser así? ¿Podemos cambiar? Nuestra sociedad está basada en un montón de paradigmas enfermos. Tenemos la suficiente madurez para analizar cuáles son y emprender el camino de cambiar, no cosas externas, sino nuestra manera de ver la realidad. No existe un cambio más revolucionario. Un estudio reciente del Banco Mundial arribó a sorprendente resultado: por cada dólar invertido en arte se ahorran nueve en seguridad. Aquí tenemos una clave: propiciando la educación informal que el arte provee, alimentando nuestra capacidad creativa, la de discernir y cuestionar, elevando la sensibilidad hacia lo bello, podemos transformar los impulsos destructivos mejor que con pistolas y guardaespaldas. La clave es crear sociedades con un concepto más elevado de “lo humano” y, con ello, personas con mayor capacidad para la libertad.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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