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Doblan por vos
Por Dávila Estrada - Guatemala, 18 de marzo de 2007

La muerte de cualquier persona me empequeñece.

El actuar ilegítimo e ilegal de los poderes y las fuerzas de nuestro Estado en contra de nuestra propia sociedad es práctica sistemática reconocida y por ello una perversión del deber y del ser del primero, pero también de la segunda. No todos lo vemos precisamente mal como no nos veamos afectados directamente, el cual para siendo el caso tarde o temprano:

¿Muchachos con tatuajes, que aparecen desmembrados en barrancos?, mejor, por definición son mareros y ponzoña; ¿mujeres jóvenes abusadas y mutiladas?, seguro mareras también o putas, para qué andan en ésas; ¿personas ametralladas al mejor estilo de películas de gánsters o de narcocorridos?, de plano en algo andaban y se lo tenían merecido; ¿campesinos golpeados o peor (siempre con ellos peor) en confusos y regularmente ignorados incidentes de disputa de tierras?, para qué no respetan la propiedad privada, partida de manipulados; ¿secuestros express en el propio carro de la víctima?, total, es gente de plata, con carro; ¿empresas que terminan cerrando porque no aguantan un par de asaltos?, para qué se meten a eso, igual los ricos están contados; ¿inversionistas a quienes escamotean su capital en las mismas narices de autoridades ineptas, indiferentes o impotentes?, por confiados o ambiciosos…

Como en el poema de Niemüller (por cierto, frecuente pero erróneamente adjudicado a Brecht) acerca de la indiferencia de la sociedad alemana frente a las crecientes atrocidades del régimen nazi, puede que en un primer momento no nos interese defender comunistas, judíos, obreros, sindicalistas, católicos o protestantes. Pero es que el monstruo empieza por los marginales, por los que no son de nuestro grupo, hasta que finalmente irrumpe en nuestro círculo y viene por uno. Y llegado el momento, ¿quién queda ya para prestar una mano?

Más allá de la razón pragmática del «hoy por vos, mañana por mí», está, desde luego, la atención a la condición humana o la devoción. Esta última supuestamente nos importa mucho, como pueblo cristiano que decimos ser. Haríamos bien en escuchar entonces la meditación que ofrece Donne entre sus Devociones para ocasiones de emergencia: “La muerte de cualquier persona me empequeñece porque soy parte de la humanidad. No preguntés, pues, por quién doblan las campanas; doblan por vos”.

Doble mensaje —que es posible y necesario desdoblar a la n potencia— trae el doblar de las campanas: por él, por vos; por ella, por mí; por ellos, por nosotros; por todos y por cada uno…

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 150307


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