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¡De ataque!
Por Dina Fernandez - 3 de mayo de 2004

Más le vale al Gobierno salir con una propuesta más razonable para modernizar al Ejército

El superministro de seguridad, el general Otto Pérez Molina, anda como si fuera muchachito de dieciocho años y acabara de heredar. Ni bien le han dado la chequera y ya le pican las manos por comprarse Porsche, lancha, helicóptero y hasta jet.

Por lo menos, esa es la impresión que da cuando uno lee la lista de armamento que se acaban de fumar para modernizar al Ejército, misma que han presentado al presidente George Bush.

Me imagino que causamos una buenísima impresión en la Casa Blanca: Guatemala recién salió de la administración de los Tres Chiflados y lo primero que hacen los nuevos es llegar a pedir descuentos para ¡armas!

A lo interno, la idea también es difícil de vender. El Estado no sólo va a gastarse una fortuna en la indemnización de los militares que se acojan al programa de retiro voluntario; además, a los oficiales que decidan quedarse van a consentirlos con juguetes nuevos.

Los encargados de las compras del nuevo equipo bélico estarán relamiéndose los bigotes ante la perspectiva de adquirir esa tecnología de punta que los soldados del primer mundo lucen en las imágenes de CNN: Jeeps Hummer de ciento sesenta mil dólares, como los usados para atravesar los desiertos de Irak, helicópteros Black Hawk de seis millones de dólares para misiones de asalto aéreo y hasta un avión no tripulado para espionaje.

No sé cómo les parezca a ustedes, pero a mí francamente me ofende que las nuevas autoridades tengan el atrevimiento de tan siquiera proponer la compra de armamento cuando el Ministerio de Educación no tiene dinero ni para lápices, no digamos para libros, computadoras y la asistencia alimentaria de desayunos y almuerzos escolares.

De igual forma, me parece completamente inaceptable la excusa de que el equipo militar con el que cuenta el país está obsoleto y averiado.

Si es así, pregunto: ¿en qué se han gastado los casi mil trescientos millones de quetzales anuales asignados al Ejército en el presupuesto? ¿En botas?

Ojalá que la nueva administración demuestre un poco más de coherencia en los días venideros. Se quejan, y no hay quien lo dude, de la crisis financiera en la cual está sumido el país, un agujero negro de diez mil millones de quetzales.

Hay un Pacto Fiscal en marcha que enfrenta la difícil tarea de cubrir esa brecha y presentarnos una solución integral y de largo plazo para sanear el erario.

Podemos hacernos las ilusiones y exigir más eficiencia en la recaudación y castigo a los evasores, pero ello no será suficiente para hacer viable al país. Aceptémoslo: vamos a tener que pagar más impuestos.

Ahora, no nos digan, ni en broma, que se van a gastar el dinero en una flotilla de Black Hawks, porque aquí nos da el ataque. Hablemos de educación, de salud, de profesionalizar la policía, dotar de recursos al Ministerio Público, fortalecer la administración de justicia.

Esas son las prioridades del país, no hacer shopping de maquinaria artillada.

¿Qué le toca hacer al Ejército en tiempos de paz? Cuidar las fronteras, especialmente para evitar que haya escaramuzas cerca de Belice, donde dicho sea de paso, los curas se han portado más valientes para defender a los campesinos, o en Petén, que es tierra de nadie o mejor dicho, de narcos depredadores.

Para eso las autoridades pueden hacer una propuesta más razonable, acorde a nuestra realidad y sus amenazas. Pero lo más importante es recordar que nuestro principal enemigo es la pobreza.

Contra ella hay que montar una batería de guerra, pero dudo que las armas que necesitemos sean la lancha, el helicóptero y el avión de los G.I Joes. Esos los puede comprar Pérez Molina para sus nietos.

Y aún así, esperaría que alguien en el gabinete le recomendara juguetes más acordes a la cultura de paz.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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