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Otro misterio
Por Dina Fernández - Guatemala, 29 de noviembre de 2004

¿Estará Cerna enterrado en La Verbena?

Los guatemaltecos podemos seguir en las noticias una nueva novela policial: la muerte del coronel Raúl Cerna.

Este personaje, jefe financiero del Estado Mayor Presidencial de Alfonso Portillo, se apareció como un espectro en los periódicos de la semana pasada, cuando se supo que una persona identificada con ese mismo nombre llegó a morirse al Hospital Roosevelt el 12 de abril, envenenada por ácido muriático.

El caso ha acaparado titulares porque el coronel Cerna estuvo en el epicentro de la corrupción que arrasó con nuestro país durante el gobierno pasado. Este oficial era uno de los principales sospechosos —y testigo clave— del saqueo de más de Q250 millones perpetrado en el Estado Mayor Presidencial.

La historia de su desaparición está llena de preguntas sin respuestas y parece sacada de un libro de suspenso. Desafortunadamente, en Guatemala estos culebrones policiales rara vez tienen desenlace y al final, nunca llegamos a saber con certeza quién es el asesino.

En este caso, hay tantas personas o grupos que podrían haber tenido interés en matar a Cerna —incluso a él le convenía pasar por muerto y buscarse una nueva identidad— que resulta imposible buscar sospechosos en una sola dirección.

Con la muerte de Cerna ganaba el gobierno del FRG en pleno, pero en especial, esa rosca tenebrosa de Portillo, encabezada por Jacobo Salán y Napoleón Rojas, donde no faltaban las figuras capaces de cancelarle la partida de nacimiento a un posible soplón.

Tampoco hay que descartar los líos internos del Ejército porque entre militares, así como hay amistades entrañables casi de hermanos, hay enemistades y rencores formidables.

Podría ser también que en el actual gobierno haya quienes prefieran obstruir las investigaciones por corrupción, pues como sabemos, el statu quo es el ideal para muchos sinvergüenzas incrustados en la gestión pública.

Pero independientemente de lo que al final se logre esclarecer sobre la desaparición de este coronel, vale la pena señalar que muchas dudas en torno a su desaparición remiten a un responsable, a una institución del Estado y a un problema de fondo de la justicia en Guatemala.

En primer lugar, el Ejército no siguió los procedimientos cuando Cerna desapareció.

Generalmente, cuando un soldado abandona su puesto, le dan ocho días antes de declararlo desertor.

En este caso, le dieron largas por un mes antes de empezar a averiguar dónde estaba.

Conociendo el lado negro —más bien negrísimo— del Ejército, uno puede pensar dos cosas: o bien los propios compañeros de armas lo mataron y luego se dieron tiempo para borrar huellas, o lo dejaron fugarse.

Luego, vale la pena señalar que los datos del Hospital Roosevelt sobre la muerte del militar no coinciden con los de la morgue.

Estas discrepancias deberían sacudir al Organismo Judicial, pues ya es hora que vayan a poner orden a esa dependencia, pues en Guatemala la ciencia forense jamás ha estado al servicio de la justicia.

Esa realidad es penosa, pues a falta de evidencia científica y de forenses comprometidos —dispuestos a encontrar y defender la verdad—, la mayoría de muertes se queda en puras conjeturas.

El Ministerio Público también debe aclarar las notorias deficiencias de su participación en el caso del coronel Cerna.

Ante todo, da la impresión de que tenían más prisa de enterrar el cadáver que de investigar la muerte.

A mí no me satisfacen las explicaciones que he leído en los periódicos, pues están plagadas de inconsistencias y detalles inverosímiles que la Fiscalía debe aclarar antes de que el caso se convierta en una bola de nieve como fue hace algunos años el del guerrillero “Mincho”.

Bien haría el Fiscal General en iniciar de oficio una investigación seria, que debería empezar por establecer si el cadáver que está enterrado en La Verbena es realmente el del coronel Raúl Cerna.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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