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¡Oink, oink!
Por Dina Fernández - Guatemala, 6 de diciembre de 2004

El vástago de Ríos Montt presume de su condición en el mundo animal.

Que perdonen los cerdos, nobles proveedores de chuletas y tocino, pero el hijo del general Efraín Ríos Montt, Enrique Ríos Sosa, declaró la semana pasada ante los micrófonos que se siente y se ve a sí mismo como “un simple coche”.

El malogrado heredero de Ríos Montt reveló su verdadera identidad zoológica en el Juzgado Sexto de Instancia Penal, cuando los reporteros de tribunales le preguntaron si el quinto marido de su hermana, el senador Jerry Weller, le había enseñado inglés.

Por un segundo, el militar dejó de repetir “peace and love” y hacer la señal de la victoria con los dedos. “No, yo soy un simple coche”, aclaró. Por favor, presten atención al énfasis en la condición de “simple”: él no es un marranito fino, de esos que se convierten en jamón serrano o jabugo. No. El es un puerco de los rústicos, de los que se arrebatan las mazorcas en el lodazal.

A diferencia de la benjamina de la dinastía -quien acaba de blindar a la familia emparentando con el Tío Sam y además puede enardecer turbas en español, francés e inglés-, Ríos Sosa únicamente se siente capaz de revolcarse en las porquerizas.

Y no se equivoca. Basta ver su retrato en la portada de los diarios -con los lentes de narco y la boca hinchada de dientes, escupiendo carcajadas de impunidad- para comprender por qué se desprecia a sí mismo.

Guardando las distancias, la ponzoña de esa declaración me hizo pensar en el monólogo de la primera escena de Ricardo III, donde el villano de Shakespeare arrastra su joroba y justifica la monstruosidad de sus actos por la deformidad de su persona.

A falta de versos que pudieran expresar los amorosos sentimientos que sospechamos el vástago de Ríos Montt cultiva en su jardín interno por la hermanita políglota, se conformó con gruñirle a los reporteros “oink, oink”.

Me gustaría ver cómo se concilia en las reuniones familiares ese pozo de buenos sentimientos con los sermones fulminantes de “usted papá” y “usted mamá”, donde más de una vez se ha condenado a la ira divina a los hombres “coches” y las mujeres “gallinas”.

Pero amén de las contradicciones que sacuden la figura y la trayectoria del caudillo del FRG, extensivas a su familia, el derroche de estupidez y cinismo demostrado por su hijo Enrique ha conseguido indignar a la opinión pública en forma superlativa.

Cuando el FRG llegó al poder, Ríos Sosa ascendió a jefe financiero del Ejército y a general, dos honores que difícilmente hubiera obtenido por mérito propio. Durante su gestión, desplumaron a la institución de Q900 millones que, según cuentan testigos, fluyeron en costales a manos de particulares.

Por donde quiera que Ríos Sosa puso sus pezuñas, apesta: desde la junta directiva del Instituto de Previsión Militar, hasta las oficinas de Armando Llort en el Crédito Hipotecario Nacional.

Por eso despierta muchas suspicacias que en una audiencia sorpresa, donde se obstaculizó la participación de la Fiscalía contra la Corrupción, una jueza casada con un abogado defensor del FRG haya decidido imponerle a Ríos Sosa una fianza ridícula y lo haya dejado bajo arresto domiciliario, pero sin vigilancia policial.

Vale la pena subrayar que mientras otros miembros del gobierno pasado, cuyos casos son mucho más difíciles de probar, guardan prisión, la dinastía Ríos parece protegida por un escudo sobrenatural.

No hace falta tener más neuronas que las de Ríos Sosa para darse cuenta de que las condiciones son propicias para el FRG. Por un lado, el actual gobierno necesita de la bancada eferregista para gobernar, y por el otro, Ríos Montt podrá seguir sin visa, pero su hija es ahora la feliz poseedora de un pasaporte diplomático con águila calva en la tapa.

Por eso Ríos Sosa se da el lujo de ser una caricatura de sí mismo y presumir de su condición de coche. Que se ría. Puede que esté lejos el sábado que le toque enfrentar a la justicia, pero no me cabe duda de que el momento llegará.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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