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Donaldo, el odiado
Por Dina Fernández - Guatemala, 20 de diciembre de 2004

Al fin se persigue a uno de los peores carniceros de América Latina.

La justicia tarda, pero llega. Incluso para los guatemaltecos. Gracias a una solicitud de la Audiencia Española y a una orden de captura dictada por un juez mexicano, uno de los peores carniceros del conflicto armado guatemalteco, Donaldo Álvarez Ruiz, es hoy un perseguido de la justicia.

Hay que celebrar la noticia, pues nos demuestra que los horripilantes crímenes cometidos durante los años más tenebrosos de nuestra historia reciente no están condenados al olvido y a la impunidad.

A estas alturas, resulta imposible predecir si las autoridades lograrán dar con Álvarez Ruiz, apresarlo y llevarlo a juicio. Pero me alegra que el proceso por la quema de la Embajada de España haya interrumpido el exilio apacible de este hombre siniestro que se dedicó a sembrar el terror en nuestra ciudad hasta convertirse en un maestro del horror, posiblemente uno de los más sanguinarios asesinos de las guerras sucias del hemisferio.

Ciertamente, Álvarez Ruiz no es el único villano en el caso de la Embajada de España, donde mucho me temo existen responsabilidades compartidas y sutiles en ambos bandos. Sin embargo, también es innegable que el salvajismo que en aquel entonces derrochaban las fuerzas de “seguridad”, precipitó la tragedia.

Además, ese no es el único ni el peor de los pecados en la lista de Álvarez Ruiz, quien durante muchos años hizo méritos para ser odiado de una manera arrasadora y unánime. Su pinta de luchador -con patillas gruesas, pelo crespo cortado al rape- siempre le repugnó a la opinión pública.

A Donaldo Álvarez la gente lo aborrecía, incluso antes de que se conociera al detalle cómo estaban organizadas sus redes de espías y matones, o las cárceles clandestinas donde se volvió a escribir la historia de la tortura.

Por algo cuentan testigos de la época que al caer el régimen de Lucas García, la muchedumbre enardecida corrió a saquear la casa de Álvarez Ruiz, de la cual arrancaron hasta los inodoros.

Ahora que Prensa Libre publicó fotos de una de sus residencias en México -un hogar aparentemente cálido, con molduras de madera y sillones blancos- me estuve preguntando cómo habría envejecido alguien que llegó a encarnar la podredumbre de un gobierno caníbal, si la monstruosidad de sus actos se refleja en la decrepitud de la carne o si, al contrario, se volvió un anciano fofo, de guayabera y pelo cano.

Pero lo que más curiosidad me provoca es saber cómo digiere su pasado este señor todos los días. Lo más probable es que, como muchos sociópatas históricos, Álvarez Ruiz haya encontrado la manera de justificarse a sí mismo los desmanes cometidos, por aberrantes que hayan sido.

Sin embargo, quien quita que de vez en cuando se despierte a medias de la noche en un baño de sudor frío, si es que en sueños se le aparecen cientos y miles de ojos que lo ven -fijos, grises, acusadores- congelados para siempre en el instante de la muerte.

A pesar de que siempre he defendido la necesidad de conocer los oprobios de nuestra historia para no repetirlos en el futuro, llevo varios meses convencida de que tampoco es sano vivir en las trincheras del pasado, removiendo heridas imposibles de sanar.

Como todo en la vida, necesitamos enfrentar nuestra historia con cordura: no vale la pena llorar eternamente sobre nuestras cenizas, victimizándonos al ritmo de las canciones de Silvio Rodríguez, en lugar de intentar resolver los problemas actuales. Pero tratar de seguir adelante no significa que pasemos por alto crímenes que no prescriben.

Donaldo Álvarez tiene muchas cuentas qué rendirle a la justicia, no sólo la quema de la Embajada de España. Ojalá lo encuentren pronto, porque aunque él se las haya arreglado para vivir sin remordimientos, podrá comprobar que el tiempo, lejos de borrar las acusaciones, las puede convertir en un griterío insoportable, ese juicio, temido, implacable, que Jean Paul Sartre esbozó al decir que “el infierno son los otros”.

Tomado de Prensa Libre www.prensalibre.com


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