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El aliado de papi
Por Dina Fernández - Guatemala, 19 de diciembre de 2005

Estuvo bueno que trajeran del pelo a Junior Abadío.

Es usual ver a los hijines de los corruptos vestidos a la última, pavoneándose en carros de lujo con aires de gran señor.

Puedo pensar en algunos vástagos de ministros, diputados y presidentes enriquecidos gracias al saqueo de las arcas públicas, que ahora tienen el descaro de proclamar, incluso en entrevistas de prensa, que ellos siempre han sido acaudalados empresarios (cuando todos nos recordamos de su pasado modesto).

El caso de Junior Abadío -quien ha aparecido en primera plana como se lo merece: deportado, enchachado y en manos de la justicia- es especialmente ofensivo. A diferencia de otros hijines que caen mal por disfrutar los réditos de las fechorías cometidas por el padre, este tipejo pertenece a ese equipo de Juniors que sí participó, y con qué entusiasmo, en la robadera.

En el caso de los Abadío, padre e hijo hicieron mancuerna para fundar empresas fantasma y sacarle al Estado una fortuna no menor a los Q25 millones.

Es hora de que Junior Abadío empiece a explicar cómo de la noche a la mañana, mientras “papi” dirigía la Superintendencia de Administración Tributaria, él logró acumular propiedades, vehículos y cuentas bancarias.

Hasta el momento, las mentiras que ha dicho no se las ha creído nadie, para comenzar el Gobierno de Estados Unidos, que oportunamente rechazó su solicitud de asilo político.

Ojalá las autoridades mexicanas tomaran nota y decidiera también mandarnos de vuelta a Alfonso Portillo para que enfrente a la justicia donde le corresponde, antes de que sus amiguetes vuelvan al poder y lo veamos otra vez apoltronado en algún restaurante de la Zona Viva, comiendo y libando como si no le debiera un céntimo a nadie.

Ojalá también en las altas esferas del gobierno de Óscar Berger decidan atajar con energía los pecados de sus correligionarios, para que la lucha contra la corrupción se convierta en una política en serio, y deje de ser un show ocasional.

El diputado y los sicarios

Cuando se habla de la infiltración de las mafias en el aparato del Estado, por lo general pensamos en los vínculos que existen entre el crimen organizado y el Ejército, las fuerzas de seguridad y, eventualmente, el Ministerio Público.

Sin embargo, numerosos indicios nos han mostrado que debemos abrir los ojos y despertar a la realidad de que las mafias se nos están metiendo por todos lados ...muy probablemente más cerca de cada uno de nosotros de lo que querríamos. Tan es así que una de las joyas que tenemos por diputados, Manuel Castillo Medrano, es ahora objeto de una investigación policial, pues está acusado de tener relación con los 11 sicarios que cayeron presos hace un par de semanas.

Según reportes de prensa, hay fotos de estos asesinos ingresando en el Palacio Legislativo, donde habrían sostenido reuniones con Castillo Medrano y posiblemente, con otros legisladores.

Siempre han abundado los personajes de baja calaña en el Congreso, pero de verdad es el colmo que ahora tengamos diputados tan sinvergüenzas que no tienen empacho en utilizar el recinto de la democracia, sede de la representación soberana del pueblo, para hacer tranzas con asesinos a sueldo.

Quién sabe con qué historia vendrá Castillo Medrano a defenderse y a asegurar que él se juntaba con los sicarios para jugar canasta o persuadirlos de unirse a Matones Anónimos. Mientras se dilucida la situación del diputado y se determina si hay base suficiente para antejuiciarlo, las fotos de los sicarios entrando en el Congreso deben hacernos reflexionar sobre el poder omnímodo del crimen organizado, especialmente de los carteles de la droga.

Si no hacemos algo pronto para frenarlo, acabará por devorarnos.

Fuente: www.prensalibre.com


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