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Las semillas del antisindicalismo
Por David Morales - Montevideo, 8 de septiembre de2004

«Culpables» de haberse organizado sindicalmente, 52 trabajadores de la filial de la transnacional Seminis en Guatemala fueron despedidos en 1997. La justicia falló en innumerables oportunidades en favor de los obreros, pero hasta hoy la empresa, para la cual los sindicatos son una plaga que debe ser exterminada, ha logrado salirse con la suya.

Horticultura de Salamá S. A. es una estación de investigación propiedad de la transnacional Seminis Vegetable Seeds Inc. localizada en el valle de Salamá, Baja Verapaz, Guatemala.

Seminis Vegetable Seeds es la mayor empresa de desarrollo, producción y comercialización de semillas híbridas de vegetales. Posee 52 estaciones de investigación en 17 países y comercializa en 150 utilizando marcas como Asgrow Seed Co., Petoseed, Bruinsma Vegetable Seeds, Royal Sluis.

La Estación de Investigación de Horticultura de Salamá ocupa un área de 45 hectáreas en las que produce hibridaciones experimentales en apoyo a los fitomejoradores a nivel global, y algunos productos comerciales. Todo se realiza a campo abierto y principalmente en invernadero, por medio de polinizaciones manuales a cargo de mujeres.

El sindicato germina

Unos 120 trabajadores (70 por ciento mujeres) se desempeñan en las distintas áreas o departamentos (preparación de suelos, siembra, polinización, fertiriego, control de plagas y enfermedades, construcción y mantenimiento de invernaderos, bodega, taller de mecánica, conductores de maquinaria, mantenimiento general y seguridad).

En junio de 1997, 106 de los 120 operarios decidieron agremiarse. Advertida, la Inspección General de Trabajo resolvió de inmediato declarar inamovibles a todos los integrantes del sindicato en formación. Sin embargo, desconociendo esa resolución, la empresa despidió a 52 trabajadores (incluyendo a 6 mujeres embarazadas), a los que culpó de haber formado el sindicato. El 28 de agosto, Joel David Calderón Vielman, gerente general de Horticultura de Salamá, Juan José Picón, encargado de personal, y Julio Reyes Granados, representante especial, amparados por la inspectora de trabajo de Salamá Elsa Navas Carrera, impidieron el ingreso a la planta de los 52 trabajadores.

El mensaje que llega del norte

Cuando se ingresa a la página en Internet de la casa matriz (www.seminis.com) uno puede apreciar la foto de un grupo de personas sonrientes, distendidas, en perfecta armonía. Se ve una pradera verde que limita al fondo con una montaña azul y una colorida variedad de vegetales. Esa imagen -que subliminalmente habla del respeto al ambiente y del compromiso de la compañía en la búsqueda de la felicidad- contrasta estrepitosamente con la realidad.

A los pocos días de haberse impedido el ingreso a los 52 trabajadores, aparece en escena Ron Meeusen, director de Investigación para las Américas de Siminis, quien se apersonó en la Estación de Horticultura de Salamá para lanzar una amenaza a los trabajadores: o se olvidan del sindicato o de lo contrario vamos a demostrarles la fuerza del poder económico. Nada nos importa transgredir la legislación guatemalteca con tal de destruir la organización sindical, ¿entendieron?

El 19 de setiembre de 1997 el diario oficial publica los estatutos del sindicato de trabajadores de Horticultura de Salamá. Su personalidad Jurídica fue inscrita bajo el número 1239 y su personería Jurídica con el número 5507.

El vía crucis judicial

Los trabajadores plantearon un recurso de reinstalación de sus 52 compañeros ante el Juzgado de Trabajo y Previsión Social, de la segunda zona económica con sede en Cobán, Alta Verapaz, amparados en que el código de trabajo y la Constitución Política de la Republica garantizan la libre organización obrera. El juzgado dio satisfacción a la demanda, notificando además a la empresa que al momento de la reinstalación se hicieran efectivos los salarios dejados de percibir desde el día que fueron despedidos hasta el día en que fueran reinstalados, según resolución del 28 de octubre de 1997.

El 17 de noviembre de ese año, en cumplimiento de la orden de reinstalación, el juez, acompañado de los trabajadores, se constituyó en la puerta de ingreso de Horticultura de Salamá. Pero Joel Calderón, el gerente general, se opuso, aduciendo que había interpuesto un recurso de nulidad y que no reinstalaría a nadie, ni siquiera a las mujeres embarazadas.

En 1998 el juez de Trabajo y Previsión Social de la segunda zona económica, Edwin Ovidio Segura Morales, el mismo que había dictado la orden de reinstalación, resuelve dar lugar al recurso de nulidad presentado por la empresa. Los trabajadores acuden entonces a la corte de apelaciones, que el 17 de junio de 1998 declara improcedente ese recurso.

Horticultura de Salamá cosecha otras muchas derrotas en diversas instancias de apelación ante diferentes instancias judiciales, incluidas la Cámara de Amparos y Antejuicios de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional. El expediente va y viene a un número incalculable de juzgados, en un insólito derrotero que comprende hasta escenas de esoterismo. Como cuando, en octubre de 2002, el juez de Primera Instancia de Trabajo y Previsión Social de la Segunda Zona Económica de Baja Verapaz, Manuel Arturo Estrada, llama a los trabajadores de Horticultura. Prende unas velas, coloca una estatuilla de Cristo sobre el escritorio y les dice: "señores, los llamé para notificarles que voy a cumplir con la ley. Yo no me vendo ni por un carro BMW. Los de la empresa son unos prepotentes, los he llamado y no me contestan". Bastó que pronunciara esa frase para que en el momento ingresara una llamada de la empresa, y para sorpresa de los trabajadores y del propio Cristo que miraba desconfiado, el juez suspendiera la notificación argumentando que no había regresado un exhorto librado a otro juzgado. Un mes después Estrada es recusado y en febrero de 2003 termina siendo denunciado por los trabajadores por retrasar el trámite normal del proceso.

Lo cierto es que siete años después de los hechos, y pese a todas sus derrotas judiciales, la empresa ha logrado que los 52 trabajadores despedidos no hayan sido reinstalados.

Tomado de www.lainsignia.org


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