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Porcentajes... datos... que reflejan una misma realidad
Por Dania M. Rodríguez Martínez - Guatemala, 4 de julio de 2005

Hace pocas semanas el Instituto Nacional de Estadística, INE, presentó los resultados de su última Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos, ENEI, 2004. Las conclusiones son una realidad para miles de guatemaltecas y guatemaltecos que están desempleados, sub empleados, con poca o nula calificación, con estudios mínimos, con empleo informal, entre otros.

Al ver la sección amarilla de los medios escritos de información, donde se ofertan toda clase de empleos, podría decirse que hay una relativa oferta laboral, sin embargo datos de esta encuesta nos indican que son alrededor de 156 mil las personas desempleadas y 811 mil las subempleadas.

Ahora, más que nunca, se habla de la competitividad, lo que al parecer muchos ven como fundamental para ingresar al nuevo orden económico mundial: la globalización. Dicen que si no somos un país competitivo no lograremos insertarnos con éxito a ese mundo globalizado.

Pero, ¿qué hay de la realidad económica y social del país?, de esa realidad histórica que rebasa cualquier deseo egoísta en aras de la globalización.

La enorme desigualdad imperante en la sociedad guatemalteca, la brecha inmensa entre unos y otros es innegable y es por supuesto, un problema estructural presente que sencillamente no es cimiento de ningún desarrollo, a no ser particular, desde luego.

La mayoría de personas empleadas dice la encuesta, trabajan para sobrevivir, que no es lo mismo que vivir bien. Los mayores porcentajes de ocupación, tanto a nivel urbano como rural son en actividades de la llamada economía informal y esto a su vez, nos indica que estas personas, mujeres y hombres, no tienen un ingreso fijo, por tanto tampoco un empleo fijo y mucho menos prestaciones y seguridad social. Por otro lado, su acceso a los servicios, cuando los tienen, es a través de los proporcionados por el Estado.

Dicha encuesta refleja también que de la población ocupada o empleada, el mayor número lo tienen las mujeres y hombres con menor instrucción, lo que no es para nada raro, cuando vemos que la educación no es tampoco una verdadera preocupación para el Estado, de igual manera, a menor instrucción menores costos de producción, bajos salarios, explotación, etcétera.

Por otro lado, en la mayoría de los casos, una buena preparación académica, a la que pocos tienen acceso, tampoco es seguridad de que se obtendrá un empleo bien remunerado. Muchos profesionales no pueden ejercer, pues con eso de la reducción de costos y mayores ganancias, en algunas empresas, quieren personal preparado, con experiencia y que por supuesto no tenga aspiraciones saláriales demasiado altas.

En comparación con países con economías desarrolladas, dicen por allí que no estamos tan mal, pues en Guatemala el nivel de desempleo es del 11.9%, y en países de la Unión Europea el índice es casi tres veces mayor, aunque también debe destacarse que en esos países la gente cuenta con seguro de desempleo, y en Guatemala si la gente no trabaja no come, por lo que acepta desarrollar casi cualquier actividad, por mal remunerada que sea o por peores condiciones que se le presenten. En todo caso, dicha comparación, no debe hacerse, porque las realidades económicas y sociales entre los países del primer mundo y el nuestro son completamente diferentes.

En Guatemala, hoy todavía vemos en el área rural, como algunas personas se enriquecen del trabajo de las familias que carentes de todo bien, más que el de sus propias vidas y fuerza de trabajo, no tienen más que el permiso de vivir y sembrar una pequeña parcela en las tierras del finquero, que ni siquiera llega a conocer a todos sus “empleados” y mucho menos las deplorables condiciones de vida en las que le están procurando su fortuna.

Desempleo, subempleo, pobreza, analfabetismo, delincuencia y tantos y tantos males en los que Guatemala está inmersa son desafortunadamente harina de un mismo costal.

Pero aún, a pesar de esos males, claro que es posible pensar en una Guatemala diferente a la que los menos y los más, le puedan apostar.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 722


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