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Octubre en el nuevo milenio
Por Danilo Rodríguez Gálvez - Guatemala, 28 de octubre de 2004

La Revolución de Octubre ha estado presente en las posiciones políticas democráticas y revolucionarias de nuestro país. Del lamento posterior a su derrota, y las mutuas inculpaciones, en los primeros diez años de la restauración oligárquica, se pasó a su reconocimiento de movimiento matriz de la lucha política tanto de los partidos políticos democráticos que hicieron vida legal, como del movimiento insurgente. La óptica era diferente; mientras los partidos políticos democráticos sostenían que la lucha institucional era posible ante un Estado militar oligárquico, represivo, antipopular, antidemocrático y anticomunista, bajo los dictados de
Washington, la insurgencia extrajo de la derrota de la Revolución de Octubre la necesidad de la lucha armada para tomar el poder; ambas posiciones se planteaban, con una estrategia diferente, llegar a tomar el poder y darle continuidad a la revolución interrumpida.

Sí, la Revolución de Octubre es un proceso interrumpido; se interrumpió no sólo el desarrollo democrático incipiente y el paso del estado oligárquico tradicional a un estado democrático, sino el paso a la modernidad, y a un desarrollo económico independiente, basado en la sustentación de las condiciones internas favorables a la industrialización y a la ampliación del mercado interno. Fueron procesos interrumpidos; y hoy, podemos establecer que todavía andan truncados: vivimos una larguísima transición democrática, que lleva más de veinte años, sin que se concrete la desmilitarización del estado ni su democratización; estamos rezagados en el llamado proceso de globalización, término moderno para referirse a la división internacional del trabajo reformulada a partir del derrumbe del socialismo real, y ni siquiera podemos compararnos, por ejemplo, con Costa Rica en la población que usa computadoras, ya no digamos en el uso del internet; y se ha vuelto actualizar el problema de la falta de tierra y la lucha campesina por obtenerla.

La realidad Guatemalteca actual, determinada por la crisis estructural general que sufre la sociedad guatemalteca desde 1954, fecha en que se produjo la interrupción de la revolución de octubre, se origina en la ruptura del proceso de reforma agraria, y la ausencia de un nuevo proceso agrario que reestructurara la tenencia de la tierra, las formas de producción, la innovación tecnológica y las condiciones de una comercialización no leonina para los productores agrarios. La falta de transformación estructural en el agro permite incrementar la brecha entre ricos y pobres (siendo éstos mayoritariamente pobres extremos o miserables), reproduce las formas de discriminación contra la población agraria maya, que es la gran mayoría, y no permite el crecimiento económico sobre bases propias, como permite demostrarlo el proceso histórico de los países de más pujanza económica y desarrollo en el mundo, y como consecuencia, la modernidad siguen parada en un contexto social que tiene rasgos regresivos de barbarie.

¿Cuál es uno de los significados de lo indicado? Que la revolución de octubre tiene vigencia, para lo que hoy es la izquierda guatemalteca, que es muchísimo más amplia que lo que fue en las décadas del 70 y del 80 del siglo pasado. Es más amplia, porque hoy, no teniendo viabilidad la estrategia leninista para tomar el poder, ni su visión para la construcción del socialismo (que es la visión del socialismo real y del estalinismo), toda posición que se mueva tras cualquiera de los ejes de la democratización, la no discriminación, la desmilitarización y la transformación agraria, integra la izquierda.

Ha sido una izquierda sin cabeza, como lo fue el proletariado mexicano según Revueltas, porque la URNG no pudo transitar entre su concepciones de la lucha armada hacia nuevas concepciones de la lucha institucional, evolutiva y democrática, ni entre el mantenimiento de los principios revolucionarios y la flexibilidad que exigía la incorporación institucional; y por tanto, es una izquierda desunida, sin ejes o concepciones comunes y con las actitudes autodestructivas que genera la opresión, el fracaso y la traición. Y esas actitudes negativas no permiten ver lo obvio, ni el legado de la Revolución de Octubre ni el acerbo político de la tradición democrática y revolucionaria mundial conocida como la Social Democracia, y su matriz derivada de los llamados fundadores del socialismo científico.

A partir de repensar el proceso de la Revolución de Octubre y de la actualización de sus realizaciones, así como de la búsqueda de sus objetivos interrumpidos, puede repensarse la izquierda guatemalteca; en otras palabras, repensar octubre permite repensar la izquierda guatemalteca y poder renovar todo lo que de ella se conoce; es un repensar en el contexto del drama mundial de la estrepitosa caída del socialismo real y de sus matrices enfermizas, así como de la viabilidad del camino social demócrata y las concepciones del socialismo liberal; en fin, es volver a surtir, alimentar, una posición en el contexto del mundo actual, del tercer milenio, con base a los aciertos y errores, y de los reencausamientos teóricos que la experiencia determina, para poder volver a tener concepciones comprometidas y que comprometan, y muy desde luego, para salir de la reproducción negativa de la autodestrucción.

La Revolución de Octubre de 1944, tiene vigencia, en el tercer milenio, y de ella deberá nutrirse la izquierda guatemalteca con una visión prospectiva. Y así como la Revolución de Octubre no puede repetirse, la nueva izquierda guatemalteca, será una versión muy diferente del oportunismo electoral y la politiquería "de los partidos" y del verticalismo, caciquismo a lo militar o comandantismo y del centralismo antidemocrático. Y si octubre nació para la luz del mundo, como dijo el gran poeta revolucionario Otto René Castillo; la nueva izquierda surgirá para darle al pueblo, lo más preciado que le han quitado: su esperanza y la conciencia de su fuerza.

Fuente: www.lahora.com.gt


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