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Viejas y amargas verdades: la censura a la prensa
Por Danilo Rodríguez Gálvez - Guatemala, 18 de noviembre de 2004

Quizás la globalización y la remoción del pensamiento de la derecha que trajo aparejada, nos hizo olvidar que la globalización no es más que la nueva fase de la división internacional del trabajo, sin una potencia hegemónica rival a Estados Unidos, competitiva militarmente y con dominio imperialista, como fue el caso de la desintegrada Unión Soviética (el social imperialismo).

También se nos olvidó que todo Estado expresa en forma preferente los intereses de los grupos económicos sobresalientes de la clase dominante, y asimismo, que existe un sistema al que responden las instituciones públicas en su totalidad, que es el que diariamente reproduce el Estado de Guatemala.

El gran cambio que trajo la globalización en Guatemala, fue el desplazamiento de la vieja oligarquía agroexportadora por la oligarquía financiera, o sea, la fusión del capital bancario y los monopolios internos; fue un tránsito tardío y eunuco, pues se debió esencialmente al debilitamiento de la agroexportación durante dos décadas, dentro de la rigidez del sistema excluyente en crisis permanente, sin un proyecto político "de su nación" y sin enfrentar el factor de poder dominante del Estado: el militar, que con cierta lucidez dejó el discurso contrainsurgente por el democrático y de paz, a sabiendas que el arribo de ésta le había dado el triunfo militar al lograr por medios políticos dejar fuera de combate a la guerrilla. Sin embargo, el triunfo se le revirtió porque se entreabrieron las puertas de la desmilitarización de la sociedad y del Estado (que todavía se quedan en reivindicación social, civil y democrática), manifestadas con el control poblacional en el cual los ex PAC fueron pieza clave, y con el control de la inteligencia del Estado y con ésta de todos los niveles importantes del mismo.

El sistema oligárquico es el mismo, sigue siendo excluyente. El Estado, si bien reproduce el sistema en función de los intereses de la oligarquía financiera, sigue teniendo como factor hegemónico el militar que es renuente a abandonar la inteligencia y sus redes en el aparato de administración de justicia y en toda la institucionalidad, que tienen la doble función de servir al dominio militar, a la corrupción y al crimen organizado.

Las instituciones del Estado y las organizaciones políticas y sociales, reproducen lo que es hoy la sociedad guatemalteca, fracturada por un vasto proceso de desvalorización a la que condujo la crisis de dominio del Estado desde la década de los setenta del siglo pasado. Los organismos del Estado compiten en su descomposición; las municipalidades, los partidos, sindicatos, cooperativas y aún las organizaciones no gubernamentales, manifiestan esa crisis. La ingobernabilidad no es coyuntural, es sistémica, de origen estructural. La prensa no escapa a esta realidad, ni puede sustraerse a los intereses dominantes del sistema oligárquico excluyente en crisis.

De la censura abierta de los golpes militares hasta el de 1982, se pasó a un control basado en el reclutamiento y cooptación de periodistas, así como en la infiltración de jóvenes en la prensa, ajenos a lo que fue el conflicto armado y a las herencias de la Revolución de Octubre, pero apadrinados por el verde olivo. Era un control esencialmente militar de la prensa. En el proceso del tránsito oligárquico de la agroexportación tradicional a la financiera, el control se fue compartiendo entre esta oligarquía y el poder militar, hasta llegar al proyecto oligárquico actual del gobierno del presidente Berger, donde los grupos económicos de la clase dominante tienen relevancia no sólo en el Gobierno sino en los principales medios de comunicación social. Ahora el problema del Estado no es controlar las posiciones pro izquierda, sino las posiciones en contra del sistema y del Gobierno, en contra de la oligarquía financiera. En este control se da un doble carril: posiciones tenidas como izquierda, tienen amplio espacio en periódicos escritos, programas radiales y televisivos, pero que no atacan los intereses oligárquico-financieros; las otras, aunque no tenidas como parte de la izquierda tradicional, pero sí contestatarias y antioligárquicas, han empezado a ser deshojadas; quizás el ejemplo más significativo es el de José Manuel Chacón, Filóchofo. Hay casos precedentes y vendrán más. Molestan las trincheras de Magali Rey Sosa, y de Marielos Monzón, para citar a dos mujeres todo corazón entre los librepensadores comprometidos con la patria y con el pueblo.

¿Cómo se explica? Quienes dominan entre los grupos económicos en el Gobierno, controlan los principales medios de comunicación y sus intereses, que van de la mano de la reproducción del sistema, son celosamente defendidos dentro del discurso anticorrupción y democrático (cada vez más débil e irreal). En las múltiples contradicciones actuales, hay espacios en la prensa para ejercer el libre pensamiento, pero son transitorios, y lo son porque las viejas verdades, son simples verdades, aunque amargas verdades.

Fuente: www.lahora.com.gt


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