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La masacre de la Embajada de España
Por Danilo Rodríguez Gálvez - Guatemala, 2 de febrero de 2005

A las quince horas con cinco minutos del día 31 de enero de 1980, se estableció que en la masacre de la Embajada de España, habían perecido quemadas 39 personas en uno de los pequeños salones de la misión diplomática. Este hecho criminal, parte del genocidio que sufrió el pueblo de Guatemala en el desarrollo del conflicto armado interno, tuvo enormes repercusiones en el aislamiento internacional en que cayó el régimen militar del Estado guatemalteco. No fue el aislamiento del gobierno de Lucas García, sino del Estado como tal. Desde el día de los hechos, la versión oficial y de la derecha ha sido la misma: un grupo de terroristas al tomar la Embajada de España originó la tragedia al estallar bombas molotov que incendiaron el salón, inculpando a la insurgencia que había ido generalizando la guerra de guerrillas, con especial fuerza, en la región noroccidental de Guatemala.

Sin negar el hecho de que el Ejército Guerrillero de los Pobres, tuvo influencia en los grupos populares que hicieron la toma pacífica de la embajada de España, como lo eran el Comité de Unidad Campesina (CUC), el Frente Estudiantil Revolucionario Robin García (FERG), la Coordinadora de Pobladores y el Frente Organizado Sindical (FOSA) de la Federación de Trabajadores de Guatemala, participantes en dicha toma, la versión de la derecha es inexacta y justificadora del genocidio sufrido por el Pueblo. El origen de la toma de la Embajada fueron los abusos, hostigamientos, intimidaciones, hechos represivos y secuestros que elementos del Ejército de Guatemala, desde el 10 de febrero de 1979, cometieron en Chajul, y que se intensificaron en la mitad de dicho año en Cotzal a partir del día 24 de junio, día de San Juan Bautista, fiesta religiosa de la comunidad, y que para septiembre del mismo año se extendieron a Uspantán, donde secuestraron a 9 campesinos, y a Nebaj, donde secuestraron y desaparecieron a 4. Aparte de los hechos directos cometidos en contra de las comunidades, los soldados llegaron a secuestrar a 41 campesinos en Cotzal, entre ellos Jacinto Castillo, quien fue asesinado con sus tres hijos; en Nebaj los cuatro mencionados, en Uspantán nueve y en Chajul siete.

¿Por qué la presencia militar del Ejército y los hechos represivos? Por la creciente fuerza guerrillera del EGP en la región. La conocida metáfora de la guerrilla como pez y el pueblo como el agua de Mao Tse Tung, aceptada por todos los organismos y fuerzas contrainsurgentes del mundo, plantea que donde haya un grupo armado, las fuerzas gubernamentales la emprendan contra el pueblo del lugar o la región donde el pez se mueve. Sin embargo, pese a la simpatía o la colaboración existente en la población, ni toda la gente la comparte ni plantea una adhesión y militancia en la organización revolucionaria. Son momentos de coyuntura, de flujo y reflujo. El genocidio cometido contra el pueblo, especialmente el Maya noroccidental, se basa en la simple premisa de quitarle el agua al pez, sin importar quién las debe; simplemente, cada comunidad por inocente que sea, es una enemigo para la contrainsurgencia. Esa es la lógica de las masacres en 464 aldeas y de su desaparición física. La toma de la Embajada de España se hizo en el contexto del conflicto y con la visión contrainsurgente ya indicada. La toma fue pacífica; los participantes fueron 29; de ellos 23 campesinos, los seis restantes, eran dirigentes del FERG, de FOSA y de la Coordinadora de Pobladores. Los 23 campesinos fueron electos por las comunidades. Sin embargo, sin saberlo y sin ubicarlo quienes orientaron la toma, se enfrentaban directamente a las fuerzas contrainsurgentes del Estado guatemalteco. La reacción fue la masacre.

¿Por qué no se hizo la denuncia por los medios de comunicación social? El 15 de enero de 1980, aproximadamente 130 campesinos, representantes de Cotzal, Chajul, Uspantán y Nebaj, llegaron a la capital; apoyados por organizaciones populares, se elaboró un primer comunicado de prensa y televisión el día siguiente, denunciando los hechos represivos sufridos, especialmente el asesinato de siete campesinos de Uspantán. ESTE COMUNICADO NO ES REPRODUCIDO NI COMENTADO EN NINGÚN MEDIO DE COMUNICACIÓN SOCIAL. La Contrainsurgencia tenía un control férreo en dichos medios. Hay que agregar, que previamente a este intento, el 23 de noviembre de 1979, varias decenas de representantes de las comunidades llegaron a la capital para entregar un documento al Congreso de la República; el resultado: desalojo y persecución por la fuerza pública. Ante esto se hace el comunicado del 16 de enero. Ante el silencio de la prensa, se celebra una conferencia de prensa en la Federación de Trabajadores de Guatemala: llegan pocos periodistas y no sale una sola noticia en los medios. El Frente Democrático contra la represión, celebra otra conferencia de prensa en la Federación Autónoma Sindical de Guatemala. El silencio de los medios de comunicación es absoluto. Los organismos de inteligencia del Estado Guatemalteco que son los que dirigen la contrainsurgencia, incluso para las acciones del Ejército, desde noviembre de 1979, con el asesinato del periodista JOSÉ LEÓN CASTAÑEDA, usando la represión, el soborno y la presión, lograron que ni los campos pagados de las organizaciones populares fueran aceptados en los medios de comunicación social.

Es muy fácil para la derecha despotricar en contra de la toma pacífica de la Embajada de España e ignorar todo el entorno de la realidad guatemalteca en el contexto de la confrontación y polarización creciente que se vivía en Guatemala. Ante el silencio total de los medios de comunicación, se hizo presencia, por los campesinos, en centros educativos, privados y públicos; el FDCR hizo un acto de solidaridad en la USAC; además, un mitin relámpago y paro de tráfico y avenidas en calles próximas a la USAC; la toma simbólica de las oficinas de la OEA y entrega de denuncia; toma de dos radios para enviar mensaje de denuncia. Se visitó al Partido Frente Unido de la Revolución el 23 de enero; resultado: asesinan al otro día al Secretario del Consejo Político, Lic. ABRAHAM RUBÉN IXCAMPARÍ. Se intenta hacer acto de presencia en el acto de conmemoración del aniversario el asesinato del Dr. ALBERTO FUENTES MOHR; la policía impide el acto político programado por el Partido Socialista Democrático. La toma de la Embajada de España fue así un acto totalmente justificado, necesario y de defensa de las comunidades que sufrían la acción contrainsurgente ejecutada por el Ejército.

Los campesinos y dirigentes populares tomaron la Embajada de España a las 11 horas del 31 de enero de 1980. Ingresaron en forma ordenada y totalmente pacífica, lo que le sirvió a la contrainsurgencia y al gobierno para acusar al Embajador Máximo Cajal de que la toma se hizo con su anuencia. En el interior de la Embajada se encontraban, además de funcionarios y empleados, el ex vicepresidente Cáceres Lenhoff y el ex canciller Molina Orantes. Ya adentro se les hizo ver el carácter pacífico de la toma, las razones por las que se hacía y pidieron que el Embajador de España y los principales funcionarios mediaran para que se integrara una comisión investigadora que visitara los pueblos afectados y ocupados por el Ejército. El Embajador accedió. La respuesta oficial: después de rodear 400 efectivos, policías y unidades del Estado Mayor de la Presidencia, a las tres de la tarde, después de romper un tragaluz y abrir la puerta arrojaron la primera bomba de fósforo blanco, a la que le siguió otra más, y a ésta los gritos, humo y lenguas de fuego. Por la acción del fósforo blanco, todos los cadáveres quedaron con la última posición física que asumió la persona antes de morir. La toma de la Embajada de España del 31 de enero de 1980 es un acto heroico de los hijos del pueblo contra sus opresores, y la masacre, la respuesta de un Estado militarizado, oligárquico, anticomunista, contrainsurgente, antipopular, antidemocrático, represivo y defensor de los intereses foráneos.

Fuente: www.lahora.com.gt


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