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Por su descanso, por nuestra tranquilidad
Por Dania Rodríguez M. - Guatemala, 26 de enero de 2007

En situaciones de desastre, surgen varias crisis a las que debe responderse. Suelen tomarse entonces varias decisiones: las inmediatas, que responden a las necesidades de la emergencia; estratégicas, basadas en propuestas más elaboradas con fines de largo alcance.

Y muchas veces las decisiones inmediatas, son tomadas de manera apresurada y sin mayor reflexión, pero que a luz de someros análisis es lo prudente, lo correcto.

Un ejemplo de ello fue la decisión que adoptó el gobierno después de ocurrido el deslave que cubrió casi en su totalidad la aldea Panabaj, en Santiago Atitlán, el día 5 de octubre de 2005. Después de responder a la emergencia y frente a la gran cantidad de cuerpos que habían quedado soterrados en el lugar, la decisión fue declarar la zona como cementerio.

En un inicio se manejaba diferente información respecto al número exacto de personas que allí habían quedado enterradas, se llegó incluso a decir que habían más de 1,500. Hoy se sabe que el número de víctimas no pasan de los 150, sin embargo, es un dato aún no oficial, pues hubo incluso familias que desaparecieron completas y los familiares más cercanos no saben exactamente el número de miembros que las conformaban.

Días después del desastre, se recuperaron varios cuerpos los cuales pudieron ser enterrados en el cementerio.

Para las personas que aún tenían y tienen familiares enterrados en el lugar, la decisión de dejarlos allí, no fue la correcta ni la mejor.

Días después del desastre, podía verse personas recorriendo la zona del deslave, algunos colocando velas y flores en donde antes se ubicaran sus casa, su hogar.

Ocho meses después, en el mes de julio del año pasado, un equipo de la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, FAFG, preparó las condiciones para iniciar el trabajo de recuperación de los cuerpos, el cual dio inicio en el mes de noviembre de 2006.

Transcurridas dos semanas de iniciadas las excavaciones, se localizó el primer cuerpo, de un niño, ocho años de edad aproximadamente, de quien su padre comentó había sido el único miembro de su familia a quien él no había podido socorrer, situación que se le dificultaba asimilar.

Con casi tres meses de excavación, el equipo de mujeres y hombres antropólogos y arqueólogos de la FAFG, han recuperado hasta este miércoles pasado, más de 80 cuerpos, de ellos familiares han enterrado 47 cuerpos y 22 que ya fueron identificados serán inhumados en los próximos días. Los restantes, en proceso de identificación, permanecen mientras en un furgón frío.

Este proceso, de ubicación, recuperación e identificación de los cuerpos es difícil por todo lo que implica, para quienes lo llevan a cabo y sobre todo para familiares, amigos y vecinos.

Las escenas diarias están cargadas de emociones encontradas, no importan el sol, el clima, el polvo, el olor, las escenas que cada hallazgo trae consigo, la espera, el tiempo es lo de menos, los familiares y vecinos permanecen en el lugar, atentos a todo lo que acontece.

Tras encontrarse los primeros vestigios de restos de casas, bienes materiales de las familias afectadas, las grandes maquinas que apoyan en la remoción paran, para dar paso a los arqueólogos en la búsqueda cuidadosa de los cuerpos, su liberación de los escombros para luego ser trasladados a la morgue para su análisis.

Muchos de los sobrevivientes, atentos, han logrado recuperar parte de sus bienes tales como ropa, que incluso permanece doblada, aperchada; han recuperado dinero en efectivo; documentos, entre otros. Sin embargo el más esperado es su bien más querido: madres, padres, hijos, abuelos que allí esperan por su encuentro.

Para la comunidad de Panabaj, todo lo que se está dando alrededor de la recuperación de sus seres queridos, tiene un enorme valor, el hecho tan importante de poder enterrar a sus muertos en un cementerio, que esa necesidad tan humana haya tenido respuesta, esté siendo cubierta es un hecho por mucho muy significativo.

Sin duda, la recuperación de restos óseos humanos de cementerios clandestinos durante el conflicto armado interno y la recuperación de cuerpos por casos como el de Panabaj tiene divergencias en cuanto a técnicas, metodologías, pero coincidencia en el enorme valor humano que cada una encierra, valor que muchas veces no es entendido por algunos sectores de la sociedad, considerado incluso por algunos como innecesario.

Este hecho, esta siendo desde ya muy reparador tanto para familiares, amigos, vecinos, sobrevivientes, y de una enorme satisfacción para quienes hoy lo están haciendo posible.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1128


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