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Memoria y Justicia
Por Dania Rodríguez M. - Guatemala, 21 de junio de 2007

En las pasadas cinco décadas América Latina se caracterizó por estar conformada por países con gobiernos autoritarios, de corte militar, dirigido por ellos o por civiles a su servicio; que actuaron haciendo uso de toda la fuerza y todos los medios a su alcance en defensa de un orden político, económico y social excluyente.

La desaparición forzada de quienes eran considerados adversarios políticos fue una constante en todo el territorio latinoamericano, Argentina, Chile, Perú, Guatemala, por mencionar algunos países, cuentan con nombres de miles de hombres y mujeres que un día partieron de su casa; salieron del trabajo; rumbo a la universidad; esperando bus; terminando su participación en una manifestación; en reuniones; etcétera, fueron capturados, con toda la impunidad que les proporcionaba ser parte de los mismos aparatos de seguridad del Estado.

De la gran mayoría de esas mujeres y hombres sus familiares ya no supieron más, algunos aparecieron días después, arrojados en ríos, a la orilla de caminos, de un número considerable, la mayoría, no se supo más.

En Guatemala, a diferencia de países como Chile en donde fue un sólo órgano de los aparatos de seguridad el encargado de cometer tales crímenes (la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA), aquí todos los cuerpos de seguridad del Estado fue utilizado para este tipo de acciones y para reprimir a civiles y grupos insurgentes.

Esta característica de actuación hace hoy compleja la búsqueda de justicia y de deducir responsabilidades. Lo que no ha impedido que familiares continúen con su legítima exigencia de justicia.

En Chile sus principales dirigentes y algunos miembros del DINA fueron llevados ante los tribunales, han sido juzgados y cumplen ya las penas que les han sido dictadas, penas que incluso no han estado a la medida de los crímenes por ellos cometidos, pero que les indican que ya no son intocables.

La desaparición forzada es uno de los crímenes más terribles, no solamente por lo que implica en si misma, sino por las secuelas que deja en las familias, en la sociedad.

Con el conocimiento de la desaparición forzada viene también todo lo que ello implicaba para la víctima, vulnerable total frente a los verdugos.

Para los familiares de personas desaparecidas la vida no será jamás la misma, siempre estará presente la pérdida, la incertidumbre por no encontrar más que en los recuerdos la imagen de la vida inconclusa del ser, que pese a saber el riesgo que representaba ser honesto y consecuente con sus ideas de libertad, de igualdad, de justicia, opto por continuar su búsqueda por concretarlas.

Tras la desaparición para los familiares vino la búsqueda en los lugares que no se desea encontrar (hospitales, morgues), pero que por lo menos dará la certeza de lo ocurrido, sin esa certeza, el dolor, la perdida, el duelo estará siempre presente, regresando una y otra vez al evocar los recuerdos. Son historias que no terminan de concluir, encierran sentimientos de dolor, de rabia, de tranquilidad que no consiguen concretarse.

En Guatemala son más de 50 mil mujeres y hombres víctimas de la desaparición forzada, razón suficiente para exigir Justicia, por ellos y sus familias que No olvidan, que No perdonan y que No pueden concebir la reconciliación sin JUSTICIA.

Fuente: www.i-dem.org - Nueva Época número 1227


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