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Incongruencias del Grupo de los doce
Por Diego S. García - Guatemala, 30 de abril de 2013

De nuevo, el día 25 de abril, se publica un campo pagado del grupo de los doce, titulado “Compromiso con la verdad y la paz”, de fecha 23 de abril del presente año. Algunos de estos personajes fueron funcionarios del gobierno del PAN, otros participaron en la actual administración.

El documento No dice nada nuevo y sí son categóricos en reafirmar que en Guatemala no hubo genocidio. Además plantean que “Condenar por genocidio al Estado de Guatemala es distorsionar la naturaleza de un conflicto armado que no se dio por razones étnicas, sino político-ideológicas y económicas…”

En el primer documento firmado por los mismos doce, titulado “Traicionar la Paz y dividir Guatemala”, advierten que la acusación de genocidio contra el Estado de Guatemala, de consumarse, “implica serios peligros para nuestro país, incluyendo una agudización de la polarización social y política que revertirá la paz hasta ahora alcanzada”.

Al referirse a la polarización social, esto no es nada nuevo en Guatemala. Parece que estos “intelectuales” pasaron por alto la historia de nuestro país, o son de los que escribieron la historia de acuerdo a sus intereses económicos o de los intereses a los que sirven. La polarización ha estado presente a lo largo y ancho de nuestra historia. El Estado de Guatemala se erigió en torno a la producción cafetalera, impulsada por la oligarquía, a partir de haber despojado de sus tierras a la gran masa de pueblos originarios. La polarización ha existido siempre, producto del Sistema Político excluyente, explotador y racista, impuesto por la oligarquía guatemalteca casi desde su surgimiento y que persiste hasta nuestros días.

Esos pueblos originarios, una gran capa marginada que vive en la pobreza y la pobreza extrema; que estuvieron sometidos por medio del miedo y el terror ahora, quinientos años después de la conquista y la colonia y 30 años después de las masacres a las que fueron sometidos por el Estado, se han dado las condiciones políticas para que puedan ser escuchados. Planteado de otra manera, se puede decir: ahora tienen voz, los que nunca tuvieron voz. A ese surgir de protestas, demandas y el clamor por la justicia, se le denomina “polarización”.

A eso mismo hace referencia el grupo de los doce cuando plantean que se puede “revertir la paz hasta ahora alcanzada”. La Comisión de la ONU que vino a Guatemala a verificar que se cumpliera el Acuerdo Global sobre derechos humanos (MINUGUA), impidió que se siguieran dando las masacres y otras violaciones como políticas de Estado. Desde ese momento el Estado de Guatemala, su Ejército, policías, así como todo el aparato contrainsurgente montado durante la guerra, se vio con las manos amarradas para seguir cometiendo las atrocidades que cometían a diario. Por vez primera hubo presos políticos, que no corrieron la suerte del resto de la población que fue capturada, a la que sometieron a crueles torturas, que fue asesinada y desaparecida. Esto no lo ignora el grupo de los doce.

Se debe indicar que los Acuerdos de Paz fueron sometidos a un gran desgaste político, en donde de nuevo imperó la coerción del Estado y de sus fuerzas represivas, logrando como consecuencia que no se implementaran y no se cumplieran los compromisos estratégicos, a pesar de haberse considerado Acuerdos de Estado.

La paz se debía lograr de manera definitiva, como producto del cumplimiento de los acuerdos. Y si bien es cierto que producto de la presión nacional e internacional, el Estado no pudo seguir violando los Derechos Humanos como durante el conflicto armado, esa fue la paz que se logró. La paz de los grandes empresarios, el capital emergente y las cúpulas militares, para poder seguir haciendo sus negocios.

La paz que necesitan los agroexportadores para poder seguir arrebatando las tierras a los campesinos y desarrollar siembras extensivas en la producción de caña de azúcar y palma africana, en la producción de biocombustibles que en nada benefician a la población con alimentos, sobre todo ahora que se ha extendido el Corredor seco y reaparece la hambruna.

La paz que necesitan los banqueros para seguir lavando dinero o la paz que necesitan los narcotraficantes para hacer de Guatemala un emporio, sin leyes que cumplir y convertido en un paraíso fiscal. La paz que no permita a los grandes sectores sociales hacer sus justas demandas al Estado en sus más sentidas reivindicaciones. La paz para hacer de la educación un negocio al propio estilo neoliberal. La paz para poder hacer de la salud un gran negocio, despojando de ese derecho a las grandes mayorías que no tienen dinero para asistir a un sanatorio privado.

O se refieren a la paz para poder reprimir cualquier disenso contra los gobiernos de turno. Solo por mencionar algunos temas sensibles, que los doce parecen no tomar en cuenta. Si se refieren a la paz, al mero hecho de que no existe enfrentamiento armado, se podría interpretar, que se refieren a que no hay grupos que cuestionen con las armas en la mano, las políticas impuestas, dictatoriales, clasistas y racistas del actual régimen político.

Recordemos que ese enfrentamiento fue el único camino que le quedó al pueblo, por haberse cerrado todo espacio de participación política, lo cual se generó precisamente por los grandes niveles de ingobernabilidad de los regímenes dictatoriales y militares; por la exclusión, marginación y racismo del régimen imperante en Guatemala. Se puede decir que las causas que dieron origen al enfrentamiento armado, siguen presentes y se han acrecentado. ¿Esa es la paz a la que se refiere el grupo de los doce?

Plantea el grupo de los doce que ha habido “distorsión de la naturaleza del enfrentamiento armado”. Parece que este grupo cree que siguen en su finca, y donde sus mozos deben acatar sus argumentos.

La estrategia Contrainsurgente impulsada por el Estado de Guatemala, fue impuesta desde los Estrados Unidos, para hacer frente a la supuesta amenaza externa del Comunismo. Desde la Doctrina de Seguridad Nacional, esa estrategia impulsada por los regímenes militares contrainsurgentes, planteaba que era necesario como objetivo estratégico que el Estado subsistiera a dicha amenaza. Aquí la trampa, porque la población es parte del Estado; lo que quisieron decir era la sobrevivencia del Sistema Político imperante. La población fue vista en general como el Enemigo Interno, porque la insurgencia provenía, se nutría y se consolidaba en su seno. Ese era el enemigo a vencer.

Por esa razón, el Estado utilizando como instrumentó a sus fuerzas armadas, dirigieron su esfuerzo principal a “Quitar el Agua al Pez”, es decir a masacrar a la población para que las guerrillas quedaran sin base social, ese fue el enunciado, pero el resultado fue el genocidio porque mataron bebés y ancianos. Esa es la gran victoria de que se jacta el Ejército, cuando dice que venció a la guerrilla. Masacrar a la población quedará en la historia como las acciones que realizó el Estado, utilizando a su Ejército.

Eso ya no se podrá borrar en la conciencia de los guatemaltecos, por más comunicados que publiquen y por más artimañas que utilicen para falsear la verdad y detener los actuales juicios por crímenes de guerra. Si se llama genocidio o no, eso lo tendrán que determinar los tribunales. Lo cierto es que la Comisión de la Verdad, propuesta por los Acuerdos de paz, si lo tipifica como genocidio.

Fuente: www.i-dem.org


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