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Lo que se espera de la Asamblea de la OEA
Por Diego S. García - Guatemala, 4 de junio de 2013

En la Cumbre de jefes de Estado y de gobierno, celebrada el año pasado en Cartagena, Colombia, se entregó un mandato a la Organización de los Estados Americanos, OEA, para analizar las actuales políticas impulsadas en la región en el combate a las drogas y plantear nuevos enfoques que permitan luchar con más efectividad en contra de esa amenaza.

La OEA realizó el análisis y planteó varios posibles escenarios, para ayudar a los líderes del hemisferio a encontrar mejores formas de abordar esto retos, pero dejó en manos de los gobiernos y jefes de Estado, la tarea de adoptar el que mejor se adapte a las condiciones propias de cada país. La OEA no llegó a plantear fórmulas o caminos para una posible solución.

El gobierno de Guatemala, como una supuesta solución al problema, ha estado proponiendo la necesidad de despenalizar las drogas, planteamiento que ha sido presentado en distintos foros internacionales, el año pasado en la propia Cumbre de Jefes de Estado mencionada. En ese sentido, según el escenario de informes de la OEA, “La despenalización comprende la eliminación de las sanciones penales por el consumo y posesión no autorizada de sustancias controladas, usualmente en cantidades lo suficientemente reducidas como para que califiquen únicamente como dosis personales”.

En esa lógica, los próximos pasos que daría el gobierno de Guatemala para impulsar la despenalización y para ser coherente con su propuesta, tendría que plantear la legalización y la regulación de algunas de esas substancias. Debe decirse que de esa manera el problema se haría más complejo, ya que supone reformar la legislación nacional y desarrollar una cultura de tolerancia.

La pregunta que subyace en semejante planteamiento es: ¿Está Guatemala preparada para enfrentar ese escenario? La respuesta inmediata es NO. Principalmente porque el Estado no tiene capacidades instaladas para hacer frente a las consecuencias que la despenalización confrontaría. No estamos en Holanda y otros países europeos, en los que la seguridad social y la salud pública, forma parte de las prioridades estatales, tareas en la que invierte gran cantidad de recursos.

En todo caso, se debe tener la certeza de que una estrategia contra las drogas, cualquiera que sea, va a dar los resultados esperados. No se pueden imponer fórmulas que pudieran haber dado resultado en otros países, de manera mecánica, porque en las condiciones económicas y socio-políticas, propias de Guatemala, no se ajustan a esas condiciones y no existen posibilidades de éxito. Con las políticas públicas no se puede jugar, y convertirlas en un problema de “prueba y error”. Recientemente se le preguntó, a un analista que está a favor de la despenalización, si la ésta no vendría a alentar el consumo de los jóvenes. La respuesta ilustra la incertidumbre que albergan muchas personas guatemaltecas: “No hay forma de saberlo sino hasta que se dé la legalización”. En otras palabras, no se tiene el convencimiento de las bondades de las acciones que se pretenden impulsar, y la insistencia es solo un reflejo de lo aventurado de la propuesta, la cual plantea ir de manera gradual, legalizando y despenalizando todas las substancias prohibidas.

Esto lleva a la reflexión de lo que le espera a nuestra juventud, que siempre se ha dicho es el futuro de la nación, algo también relativo porque constituye el presente que está construyendo de manera activa el legado para las futuras generaciones.

Existen varios obstáculos que el Estado debe salvar para poder siquiera plantear un posible escenario en el combate a las drogas. En primer lugar, la existencia de un gigantesco mercado en Estados Unidos, que demanda permanentemente grandes cantidades de estupefacientes para satisfacer sus necesidades de consumo. De acuerdo con el Informe del Índice de Desarrollo Humano del año 2012, por Centroamérica pasa el 75% de la droga que llega a Estados Unidos.

En segundo lugar, Guatemala no tiene los recursos necesarios para desarrollar una verdadera estrategia, a no ser que se logre mediante la integración regional y que los propios Estados Unidos invierta apoyando en el combate a ese flagelo. Sin embargo hasta ahora eso no ha sido así, los recursos que la cooperación norteamericana ha invertido en la región son más simbólicos que efectivos, el grueso de la inversión proviene de nuestros países los que invierten los pocos recursos que se tienen, que bien podrían ser utilizados en inversión social. Según las estadísticas oficiales, por cada 40 Dólares invertido por Guatemala en la lucha contra el narcotráfico, EEUU, invierte un dólar.

En tercer lugar, esa amenaza no es un problema únicamente de seguridad, cuya responsabilidad corresponda enfrentar exclusivamente a policías y soldados. Desde el Estado no existen políticas preventivas integrales y tampoco de desarrollo, para hacerle frente a esa amenaza, que involucren a políticas sobre la salud, educación, producción alternativa, la economía, el acceso a la tierra, la cultura y otras, que genere condiciones de bienestar para la sociedad y que reduzca sus vulnerabilidades y que afectan el bienestar. Se debe hacer comprender a la población, pero a la vez sentir en carne propia que las drogas no son la opción de vida y de futuro. El gobierno debe encaminar sus políticas en esa dirección, porque el bien a defender por las acciones del Estado es la comunidad, la persona humana, la misma sociedad, donde está en juego el futuro de la nación.

Tampoco está en juego qué organismo apoyar para el combate a las drogas, la OEA o la ONU, cada uno juega un papel dentro de las relaciones internacionales de los Estados. Desde 1961 la ONU, ha celebrado varias convenciones que rigen el control de las substancias psicoactivas a nivel mundial. Esas convenciones han sido suscritas por todos los países miembros de la OEA. Guatemala es en este momento, miembro activo del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que sus acciones deben estar encaminadas a fortalecer las convenciones que ha firmado y ratificado, es decir, demostrar seriedad, profesionalismo, nivel político y un alto sentido de pertenencia. En ese aspecto, se está a las puertas de otro fracaso de la política internacional del gobierno del Partido Patriota.

Esta situación plantea otro escenario que se puede producir veladamente en la 43 Asamblea de la OEA, que tendrá lugar en Antigua Guatemala la próxima semana, del 4 al 6 de junio: un pulso entre países productores y consumidores. Y al decir consumidores, se plantea también el papel que juegan dentro del trasiego, los carteles de la droga y el beneficio de las ganancias que representan esos negocios. ¿Por quién se inclinará el gobierno de Guatemala?

Qué papel asumirá el gobierno de Guatemala, cuando el presidente Otto Pérez plantea que no se inclina por la ONU, debido a que el avance sería lento y poco, refiriéndose a los resultados. Eso indica que el gobierno no se ha planteado una estrategia que dé resultados en el mediano y largo plazo. Necesita finalizar su período con resultados palpables que sirvan para la continuidad de su partido en el gobierno. Un gobierno al que solo le quedan dos años y medio de gestión.

Fuente: www.i-dem.org


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