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Detrás de la masacre de Salcajá
Por Diego S. García - Guatemala, 19 de junio de 2013

Las declaraciones del Presidente Otto Pérez Molina, las del Ministerio de Gobernación y de las autoridades policiales, que han estado dirigidas a suponer el posible origen del ataque a la Sub Estación de la Policía Nacional Civil, PNC, en Salcajá, Quetzaltenango, solo demuestran una cosa: no tienen información precisa.

Después de la masacre de los agentes policiales, las autoridades se han dado la tarea de creer esto o creer aquello, pero no tienen certeza de lo sucedido, de quien lo realizó y cuáles deben ser las líneas de investigación adecuadas.

Sin embargo, en anteriores declaraciones del Ministro de Gobernación, indicaba su preocupación por el nivel de penetración del narcotráfico y el crimen organizado en comunidades del interior del país. Por cierto, este funcionario no aparece visible en todos estos hechos, puede que esté de viaje en algo muy importante para la seguridad del país.

El viceministro de Gobernación, de Seguridad, que por cierto, es el que ha dado la cara con declaraciones poco afortunadas, reveló el fin de semana que desde hace un mes tenían un alerta sobre un atentado contra una estación o grupo policial, “pero creíamos que sería en la capital”. De nuevo, sus declaraciones son vagas: “creíamos”.

Ello nos indica que la inteligencia, como herramienta para combatir las amenazas al Estado, a la Sociedad o al territorio nacional, aun no es utilizada para la toma de decisiones o para la planificación, en este caso contra los crímenes del narcotráfico.

La inteligencia no sólo tiene un sentido reactivo para hacer frente a problemas como la actual situación, también se utiliza en función preventiva. Esta intenta anticipar, activando mecanismos de alerta temprana frente a fenómenos que pueden ocurrir, como los ataques a la policía, pero desgraciadamente ocurrieron y aunque se tuvo indicios, como lo declara el viceministro de Seguridad, no se previeron las medidas necesarias para hacerle frente. No basta con creer, se debe tener certeza, para eso existe una Dirección de Inteligencia, y para eso también existe la Investigación Policial, aunque sin las mismas funciones y misiones, las dos se complementan. Tampoco la inteligencia militar es la misma que la civil, y una no puede sustituir a la otra, son dos ámbitos de acción diferentes.

A diferencia de la seguridad que se orienta a la prevención y la acción, la misión de la inteligencia es generar conocimiento para anticiparse a las amenazas y asistir en la toma de decisiones. Una y otra tienen un carácter complementario: la inteligencia advierte y coadyuva con la acción de seguridad.

La inteligencia debería estar funcionando a la perfección, sobre todo en este gobierno, que se jacta de contar con los mejores especialistas en seguridad pero que hasta ahora no han sido efectivos. Actualmente han proliferado gran cantidad de “especialistas” en seguridad, desconocidos antes pero mediáticos ahora, con grandes espacios. Ellos pregonaron en campaña, lo que harían en materia de seguridad y hasta impulsaron una serie de programas académicos de especialización, con el apoyo de la Universidad Galileo.

Otro aspecto que destaca en la masacre de Salcajá, es el uso de la sorpresa por el grupo atacante, el control de la situación operativa, la certeza que no serían enfrentados y el manejo del terreno para retirarse sin problemas. Escogieron el lugar más débil y vulnerable, el momento adecuado en que los policías estaban desarmados y con la guardia baja. Actuaron donde quisieron y como quisieron, con plena información.

Esto no es casual, y nos recuerda las guerras del narco que tienen lugar en México. Es importante analizar que allí las masacres también se dan entre policías, por el simple hecho que los carteles del narcotráfico reclutan a las policías locales como soldados, en la disputa de territorios. Una y otra policía local, pertenecen a uno u otro cartel de narcos. Los muertos entonces son los agentes que se enfrentan entre ellos. Si eso dio resultados en México ¿por qué no podría suceder en Guatemala?, donde los Zetas y el crimen organizado, han penetrado de tal manera que mantienen preocupado al Ministro de Gobernación.

Esta debería ser otra línea de investigación, como las muchas que siguen y plantean las autoridades de Gobernación, en otras palabras, también las líneas de investigación deberían estar encaminadas a descubrir la infiltración del crimen organizado dentro de las instituciones de seguridad y sus autoridades, esto incluye al propio Ejército. Se esperaría que no pase desapercibida, a menos que afecte sus propios intereses.

El narcotráfico ha tenido la capacidad de corromper notablemente los cuerpos policiales y militares, así como a partes significativas de los poderes del Estado, los partidos políticos y ha constituido poderes alternos. Ha estimulado nuevas ramas del crimen organizado y sobre todo, ha elevado los índices de violencia y criminalidad. Pero también ha trascendido a otras esferas, como la política internacional, porque ha puesto en crisis la soberanía del Estado, en parte por la ausencia de éste en gran parte del territorio nacional, lo cual es una realidad.

La proliferación del narcotráfico y otras actividades ilícitas en Guatemala, se deben a la existencia de condiciones adecuadas, que son como caldo de cultivo para su crecimiento, consolidación y expansión; en ellas están la corrupción y la impunidad, una legislación inadecuada y condiciones de marginación y pobreza. Los narcos manejan grandes capitales, por lo que tienen capacidad de penetración. Algunas actividades en el territorio nacional son promovidas con carácter legal, mientras que los manejos más importantes se encuentran sumergidos en el anonimato, o bajo fachadas que les proporcionan cobertura.

Aunque las autoridades conocen de sus movimientos, pueden operar con toda impunidad, invirtiendo grandes sumas de dinero entre sobornos, chantajes, pagos a empleados y otros favores. Desafortunadamente el narcotráfico se ha convertido en una alternativa de sobrevivencia para grandes conjuntos poblacionales, que han asumido esa actividad en las determinadas áreas rurales y urbanas.

También sucede que detrás de un golpe al narcotráfico, propinado por las fuerzas de seguridad, se esconden otras intenciones, algunas políticas con mensajes hacia la población, otras de carácter internacional. Estos supuestos golpes los asimilan los narcos, los cuales deben pagar una cuota a las autoridades entregándoles de vez en cuando un cargamento, con el propósito de que les dejen pasar por el territorio nacional otros embarques más importantes.

Con esto, las fuerzas de seguridad quedan bien ante la opinión pública, quedan bien ante los vecinos del Norte, consolidan su imagen política y dan la impresión de estar combatiendo al narcotráfico, como lo hicieron durante la 43ª. Asamblea de la OEA. Tómese en cuenta que los narcos están dispuesto a sacrificar piezas y pagar costos, con el propósito de garantizar sus mayores inversiones y lograr las más altas ganancias, como buenos empresarios. Esas mínimas pérdidas forman parte de su inversión.

Por otro lado, el Sistema Nacional de Seguridad construido por la pasada administración, no parece estar funcionando como lo que debería ser: un sistema. Todo se ha reducido a subordinar las instituciones de seguridad a la visión militar. El Consejo Nacional de Seguridad funciona como parte del Estado Mayor de la Defensa Nacional, y todo se pone bajo las órdenes del Presidente de la República, no como Jefe de Estado, sino como Comandante General del Ejército.

Para empezar, no existe una verdadera Política de Seguridad, de la que se derive el Plan Estratégico Nacional de Seguridad. La Política de Seguridad que planteó este gobierno, no es tal, por aquello de que los militares no se consideran políticos y no son deliberantes; es un plan militar. Por lo tanto, toda estrategia, agenda y plan de seguridad que se deriven de ella, será más de lo mismo; pero de lo mismo que vimos dentro de los planes militares de la Contrainsurgencia, es decir, están haciendo lo que siempre hicieron.

Fuente: www.i-dem.org - 18 de junio de 2013 – Tercera Época número 2417


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