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La Fiesta del Volcán
Por Diego Vásquez Monterroso - Guatemala, 17 de enero de 2007

La tarea a ser llevada a cabo no es la conservación del pasado,
sino la redención de la esperanza del pasado. Hoy, sin embargo,
el pasado es preservado como la destrucción del pasado.

T.W. Adorno y M. Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración.

Un evento considerado como característicamente colonial ha sido la representación de un episodio histórico (o pseudo-histórico) en la forma de un baile/danza o una representación teatral formal. Quizá el baile más conocido de todos sea el Rab’inal Achi’, así como el llamado Baile de la Conquista. Mientras el primero tiene un origen totalmente prehispánico, el segundo parece ser una hibridación entre dos tradiciones. Mientras algunos de estos bailes sobreviven hasta la actualidad, otros han sido olvidados, entre ellos el otrora famoso Baile del Volcán. Este baile muchas veces ha sido confundido con el Baile de la Conquista, sin embargo, el Baile del Volcán contenía muchos más elementos prehispánicos que el último, así como la reafirmación de una memoria histórica de resistencia. Pero, ¿Cómo se podía permitir un baile que desafiaba el orden colonial?. Al igual que con la religión cristiana, los mayas coloniales idearon formas muy creativas de mantener su memoria y su pasado vivo en el presente colonial, y actual. Veamos como se desarrolló esta resistencia en el Baile del Volcán.

El trasfondo histórico.
El Baile del Volcán era, básicamente, la representación de la resistencia final llevada a cabo por Kaji’ Imox (uno de los dos últimos gobernantes kaqchikeles) contra las huestes al mando de españoles años después de la Rebelión Kaqchikel de 1524 (poco después de la llegada de los españoles a Iximche’). Esta supuesta “batalla final” probablemente se realizó en 1530 o 1540. Sin embargo, se sabe que los dos gobernantes kaqchikeles presentaron su rendición en 1530 ante las autoridades españolas, y mientras Beleje’ K’at (el otro gobernante) fue rápidamente ejecutado, Kaji’ Imox permaneció con vida (no se sabe mucho sobre él) hasta que en 1540, y sin causa aparente, el invasor Pedro de Alvarado lo mandara ahorcar (Asselbergs, 2004). Es entonces el Baile la representación del poderío español sobre los “infieles”, pero esta representación no precisamente significó para los mayas una narración sobre su sometimiento final, ya que siempre encontraron formas de mostrar su resistencia. La siguiente descripción del Baile está tomada de Hill, 2001.

El Baile del Volcán.
En una fecha determinada del año (el día de Santa Cecilia, en noviembre) se realizaba este Baile. Desde días antes la Plaza Mayor de Santiago de Guatemala (Antigua) se comenzaba a alistar para dicha celebración. Para ello – por supuesto – se utilizaba la mano de obra gratuita de los indígenas, en su mayoría kaqchikeles. Éstos montaban en el centro de la Plaza (justo donde ahora – y entonces – está la Fuente de las Sirenas) una enorme estructura cónica, simulando el cerro (volcán) donde los kaqchikeles se refugiaron en la batalla final contra los españoles. En los alrededores de la estructura recreaban (con elementos naturales) el bosque de los alrededores. Asimismo llevaban diversos tipos de árboles, los cuales eran añadidos en la estructura cónica para mayor realismo. En las laderas del volcán habían aberturas (simulaciones de cuevas) las cuales eran ocupadas por animales verdaderos traídos de los bosques, los cuales permanecían enjaulados ahí. En la cima del volcán colocaban una cabaña pequeña, donde desde la noche anterior a la presentación del Baile, un indígena iba a estar tocando un tambor.

Después de todo el montaje, los indígenas esperaban al día siguiente para la representación. El día indicado, la plaza se llenaba – en los alrededores – de todos los vecinos de la ciudad, quienes estaban debidamente protegidos por la caballería, quienes cuidaban todas las salidas del lugar. Asimismo, a todos los actores (todos indígenas) se les daban armas inservibles, para evitar una posible revuelta o levantamiento. Después de todos estos detalles, finalmente comenzaba la obra (para ese momento el tambor que había sonado sin cesar en la cima del volcán, se callaba). Entraban entonces tanto el ejército kaqchikel como el español, y después de algunos actos comenzaban a enfrentarse entre sí, siendo replegados los kaqchikeles hacia el cerro enmedio de un intenso combate. Todo esto acompañado con el sonido de distintos instrumentos musicales. Poco a poco los “españoles” iban tomando mejores posiciones en el volcán, hasta que finalmente llegaban a la cima y capturaban al gobernante, a quien le era colocado un cepo y trasladado abajo, mientras otros españoles colocaban una cruz en la cima. Al llegar a la base del volcán, y después de una representación simbólica de su condena, era soltado y junto con el resto de actores desfilaban de la misma forma en que habían entrado al “escenario”.

Resistencia.
A simple vista, el Baile del Volcán podría parecer una representación más de la supremacía española sobre los mayas. Sin embargo, hay varios detalles que muestran hasta que punto llego el grado de sofisticación de las estrategias de resistencia mayas, en este caso kaqchikeles. En primer lugar, el gobernante kaqchikel es capturado, pero nunca ejecutado, y al final todos regresan marchando tal como entraron. Otro detalle es que la música del tambor en la cima del volcán (que sonaba desde un día antes) ejemplificaba la larga tradición y pertenencia de la tierra a los mayas, y no a los españoles. También indicaba una sacralidad inherente al cerro en cuestión. Otro punto es que los “españoles” están representados por indígenas, recordando – irónicamente – que la invasión española fue realizada en gran parte por indígenas aliados a los españoles, especialmente tlaxcaltecas, y al momento de la Rebelión Kaqchikel, quahquecholtecas. Pero quizá el punto más interesante es el relacionado a los animales que estaban en el volcán.

Es conocido que en la cosmovisión maya los animales son ejemplificados como “dueños” de los cerros o como representantes de éstos. En el Baile del Volcán, los españoles llegan a la cima del cerro y colocan la cruz, sin embargo no capturan ni matan a ninguno de los animales. Entonces, la adopción y aceptación pasiva del cristianismo y de todo lo español solo se dio en un plano puramente superficial y formal. En el fondo (como en el fondo del cerro, ejemplificado por las cuevas con animales) la cosmovisión y creencias prehispánicas continuaron vigentes, y en muchos casos, continúan hasta la actualidad. Los españoles, al parecer, nunca se percataron de esta forma de resistencia. El mantenimiento de una cultura, de una cosmovisión, es una forma de resistencia mucho más fuerte que una resistencia armada. Y a veces, también, propicia el cambio y hace de la resistencia una victoria.

Bibliografía.

Asselbergs, Florine (2004). Conquered conquistadors. The Lienzo de Quahquechollan: A Nahua vision of the conquest of Guatemala. CNWS Publicaciones. Leiden, Paises Bajos.

Hill, Robert (2001). Los kaqchikeles de la época colonial. Adaptación y cambio al gobierno español: 1600-1700. Editorial Cholsamaj / Nawal Wuj. Guatemala, Guatemala.

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